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El hundimiento del “Belgrano”, crimen de guerra impune

Desde 1998, un decreto del Poder Ejecutivo dispone que el 2 de mayo de cada año se considere como Día Nacional del Crucero ARA “General Belgrano”. Se trata del navío que sin lugar a dudas, escribió en forma involuntaria la página más dolorosa de la Guerra de Malvinas, ya que durante su hundimiento perdieron la vida 323 argentinos. En su enorme mayoría, colimbas muy jovencitos.

Hasta el momento, ostenta el “Belgrano” un incómodo galardón entre los argentinos: es el único barco de guerra que se hundió luego de sufrir el ataque de un submarino de esas características en una acción bélica. Como veremos, el desenlace no pudo ser otro. Por eso, el ejercicio de la memoria que proponemos, no tiene que con la exaltación patriotera a veces hueca, sino con traer a la actualidad el recuerdo de aquellos 323 compatriotas que dejaron de existir como consecuencia de una serie de decisiones imposibles de entender. Entre ellas, enviar al frente a un buque que prácticamente era un museo, sin instrumentos capaces de detectar submarinos.

El decreto supone que “para la Nación Argentina reviste especial interés mantener vivo el recuerdo de todos aquellos que ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía nacional” y en ese sentido, no se equivoca. Sobre todo, sea entonces para ellos el recuerdo, pero también para los que pudieron salvar sus vidas después de derroches de heroísmo y solidaridad sobre las gélidas aguas del sur.

Se sabe que antes de desaparecer bajo los mares meridionales, el navío había conocido otras latitudes. Antes de atracar por primera en un puerto argentino, se llamó USS “Phoenix” y llegó hasta aquí junto a otro buque similar, en octubre de 1951. Por las dos embarcaciones, el gobierno de Perón había desembolsado casi ocho millones de dólares. Por entonces, ya tenía trece años de carrera.

Al ingresar a la Armada de la República Argentina, recibió el nombre de “17 de Octubre”, flecha emblemática para el ideario peronista. No deja de ser una ironía que durante los sucesos de septiembre de 1955, es decir, cuando tuvo lugar el movimiento que produjo el golpe de Estado, parte de los golpistas se movilizara a bordo del crucero. En efecto, esa imagen célebre del almirante Isaac Rojas saludando a simpatizantes de la asonada, se desarrolló a bordo del navío, que justamente desde entonces y para desterrar todo resabio peronista, pasó a denominarse “General Belgrano”. Tenían los golpistas marinos sus fundamentos: Manuel Belgrano había fundado la Escuela de Náutica en 1799.

El crucero era un buque enorme, de dimensiones propias de otras épocas. En 1967, la superioridad resolvió que se instalaran lanzaderas de misiles pero nunca recibió sistemas antisubmarinos, ni para detectarlos ni para atacarlos. Cuando la tensión se incrementó hasta grados impensables con Chile, el ARA “General Belgrano” participó de la Operación Soberanía, que preveía una invasión de las tres islas en disputa en el canal de Beagle.

Al comenzar 1982, la embarcación recibió 120 cadetes navales y se dirigió en misión de adiestramiento al sur. En la Bahía de Punta Este realizó ejercicios de tiro con toda su artillería. El 12 de febrero de 1982 retornó a Puerto Belgrano para el mantenimiento que cada año recibía. Aunque se habían instalado tecnologías de radar y misiles, el barco estaba en malas condiciones de turbinas y no podía alcanzar más de 18 nudos. Para un buque de guerra, una lentitud exasperante... Que resultaría mortal.

Mientras se trabajaba en Puerto Belgrano, crecía la tensión entre Buenos Aires y Londres a raíz de la disputa de soberanía sobre las islas Malvinas. Era evidente que las cosas se tornaban graves, porque los trabajos en el “Belgrano” tuvieron que detenerse, ya que los obreros que trabajaban en su mantenimiento tuvieron que consagrarse a las demás unidades. Al igual que la mayoría de los argentinos, el 2 de abril de 1982 la tripulación se informó sobre la realización de una operación anfibia que el resto de las unidades de la flota habían llevado a cabo para recuperar el archipiélago.

Con premura, el buque recibió al resto de la tripulación para tiempos de guerra y completó 1.091 marinos, además de dos civiles que trabajaban en la cantina y que rehusaron dejar el barco. Adoptaron esa conducta aunque sabían que zarpaban en misión de guerra. De hecho, fueron los primeros en morir, ya que el primer torpedo dio en la zona de la cantina.
Por su parte, los británicos enviaron rápidamente dos submarinos nucleares y estipularon una zona de exclusión de 200 millas, con las Malvinas como centro geográfico. El ARA “General Belgrano” zarpó el 16 de abril de 1982 con la orden de estacionarse en la isla de los Estados y seguir un rumbo paralelo a la costa. Su misión consistía en vigilar los accesos por el sur al teatro de operaciones, interceptar unidades enemigas, disuadir en el marco regional y evitar el contacto táctico con unidades del enemigo que estuvieran dotadas de misiles mar-mar. Su base de reabastecimiento era Ushuaia. También recibió orden de navegar en silencio porque las unidades británicas podían encontrarse en las inmediaciones.

El 19 de abril, el “Belgrano” llegó a la isla de los Estados, donde realizó ejercicios de tiro y se constató que había problemas en la munición de las ametralladoras de 40 mm. Después de hacer escala en Ushuaia, el 24 de abril zarpó de nuevo hacia su destino. Ese mismo día, los argentinos descubrieron a la primera fuerza de tareas británica que se dirigía al teatro de operaciones. Se trataba de dos portaaviones y siete destructores.

El 1ro de mayo, el grueso de las unidades británicas bombardeaba las islas Malvinas y al día siguiente, se desencadenó el drama. Tres torpedos del submarino británico hundieron a un barco que por entonces, tenía 44 años de antigüedad. Su naufragio costó demasiadas vidas, que todavía duelen. La ex primera ministra británica dejó de existir recientemente sin pagar por el crimen de guerra que cometió, ya que el barco se encontraba fuera de la zona de exclusión que ella misma había dispuesto.

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