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Donar sangre salva vidas o ayuda a mejorarlas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) eligió al 14 de junio para brindar un reconocimiento a los millones de personas que al donar sangre, salvan vidas o mejoran la salud del prójimo. La jornada pone de relieve la importancia de donar sangre periódicamente, con el objetivo de prevenir la escasez en hospitales y clínicas. La problemática es acuciante en los países que están eternamente “en vías de desarrollo”, donde las reservas son exiguas.

En efecto, de los 80 que presentan un bajo índice de donaciones de sangre, es decir, menos de 10 cada 1.000 personas, 79 pertenecen a la siempre discutible categoría de “países en desarrollo”. El evento de la OMS tiene como objetivo provocar que más personas se conviertan en donantes. En particular, la entidad internacional se aboca a demostrar que los sistemas y las políticas de salud son eficaces para hacer que las transfusiones sanguíneas resulten seguras y accesibles a la gente.

El aporte de datos siempre aclara panoramas. Digamos entonces que el 65 por ciento de las donaciones de sangre se hacen en los países más poderosos, que sólo representan el 25 por ciento de la población mundial. Las tasas de donación están por debajo del 1 por ciento de la población en 73 países, 71 de los cuales están “en desarrollo” o “en transición”. Se considera que aquel porcentaje es el mínimo necesario para atender las necesidades básicas de determinada población nacional.

Por otro lado, en 42 países, los donantes voluntarios no remunerados, que constituyen la fuente más segura, aportaron menos del 25 por ciento de las donaciones. Según datos de 2007, 31 países mantenían la práctica de obtener donaciones remuneradas, las que totalizaron más de un millón. Si se considera toda la sangra donada, en 41 países no se realizaron pruebas de detección de una o más de las siguientes infecciones transmisibles por transfusión: VIH, hepatitis B y C, y sífilis.

Quizá sea importante recordar que las donaciones de sangre contribuyen a salvar vidas y a mejorar la salud. Por ejemplo, necesitan transfusiones las mujeres que sufren complicaciones obstétricas, tales como embarazos ectópicos (aquellos que ocurren fuera de la matriz) o bien hemorragias, tanto antes como durante o después del parto. También requieren de transfusiones los niños con anemia grave, que puede derivar del paludismo o de la malnutrición. Asimismo, suelen requerir de sangre las personas que sufren traumatismos graves a causa de accidentes. Además, pueden demandar transfusiones pacientes que se someten a intervenciones quirúrgicas y enfermos de cáncer.

En verdad, existe una necesidad constante de donaciones regulares, ya que la sangre sólo se puede conservar durante un tiempo limitado y luego deja de ser utilizable. Asevera la OMS que las donaciones regulares de sangre por un número suficiente de personas sanas son imprescindibles para garantizar la disponibilidad de sangre segura en el momento y el lugar en que se precise.
A la hora de generar conciencia, se afirma que la sangre es el regalo más valioso que podemos ofrecer a otra persona porque se trata del regalo de la vida, ni más ni menos. En efecto, la decisión de donar sangre puede salvar una vida o incluso varias si se separa por componentes, ya que glóbulos rojos, plaquetas y plasma se pueden utilizar en forma individual para pacientes que sufren enfermedades específicas.

La sangre es indispensable para la vida y a pesar de los esfuerzos constantes, tendrán que transcurrir todavía muchos años antes de que la sangre artificial pueda sustituir ampliamente a la sangre humana que se dona. Según las estimaciones de los facultativos, para que el sistema de salud de un país obtenga toda la sangre que necesita, basta con que del 1 al 3 por ciento de su población sea donante.

En este sentido, los donantes voluntarios constituyen la fuente más segura de sangre, si se la compara con quien dona sangre a sus familiares en situaciones de emergencia o a quienes la aportan a cambio de dinero. Por eso, la OMS recomienda que todos los países tiendan a instituir un sistema de donaciones voluntarias regulares. Desde ya, es fundamental contar con una base estable de personas sanas que donen sangre con regularidad.

Hay que tener en cuenta además que “el viaje de la sangre”, desde la donación hasta la transfusión, es bastante complejo. Antes de utilizarse, tiene que analizarse, almacenarse y transportarse. Los servicios de transfusión, tanto del área de la Salud Pública como del sector privado, se enfrentan al desafío de suministrar sangre segura y en cantidad suficiente ante la creciente demanda.

Si bien es cierto que las transfusiones de sangre salvan vidas y mejoran la salud, no es menos verdadero que millones de pacientes no tienen acceso a sangre segura cuando la necesitan. El programa de la OMS sobre Seguridad de las Transfusiones Sanguíneas efectúa un seguimiento de los principales indicadores cuantitativos de la seguridad de la sangre para observar las tendencias y progresos, así como para identificar a los países que necesitan apoyo de forma prioritaria.

Aunque la necesidad es universal, al acceso a sangre segura presenta grandes diferencias entre los países más ricos y los empobrecidos. De las 85,4 millones de donaciones que se hicieron en 2007 (últimos datos disponibles), aproximadamente el 65 por ciento correspondió a los países más poderosos del planeta, que como ya dijimos, sólo albergan aproximadamente al 25 por ciento de la población. Por último, digamos que desde que empezó la celebración del Día Mundial del Donante de Sangre en 2004, 111 países notificaron un aumento del número de donaciones voluntarias. Pero hace falta más.

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