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Proteger a niños en situaciones bélicas pero sin hipocresías

Según la Organización de Naciones Unidas y el Ministerio de Educación de la Nación, hoy debe conmemorarse el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión. La declaración data de 1982 y lamentablemente, hay que decir que más de 30 años después, goza de absoluta actualidad. Sólo basta con echar un ojeada sobre la sección Internacionales para ver con qué tanta facilidad mueren niños en Afganistán, Pakistán, Irak, Sudán, Palestina, Libia o Siria, por citar algunos ejemplos.

Precisamente, la Asamblea General de la ONU aprobó la declaración que dio origen a la conmemoración en el marco de una de las periódicas arremetidas militares de Israel contra sus vecinos. Corría agosto de 1982 cuando ante la agresión que perpetraban los tropas israelíes, el cuerpo deliberante de la ONU sesionaba de manera extraordinaria y con carácter de emergencia en relación con la cuestión del pueblo palestino. Adoptó su determinación “consternada ante el gran número de niños palestinos y libaneses que han sido víctimas inocentes de los actos de agresión de Israel”. En consecuencia, decidió conmemorar el 4 de junio de cada año, el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de la Agresión.

Los más pequeños sufren las consecuencias de los conflictos armadas de maneras diversas. Con el ánimo de arrimar al objetivo de protegerlos en situaciones de violencia bélica y de poner fin a la impunidad de quienes cometen actos contra ellos, el Consejo de Seguridad de la ONU establece seis categorías de violaciones a sus derechos, que en la jerga diplomática se conocen como “seis violaciones graves”. Son por orden de aparición la matanza o mutilación de niños, el reclutamiento o utilización de chicos soldados, la violencia sexual contra ellos, los ataques a las escuelas u hospitales, la denegación del acceso de los niños a la ayuda humanitaria y por último, su secuestro.

En 2005, el órgano de la ONU estableció un mecanismo de vigilancia y presentación de informes para vigilar, documentar e informar sistemáticamente sobre los atroces abusos que describimos, que lamentablemente se renuevan casi a diario en varios rincones del planeta. A partir de la información que se reúne de esa manera, en su informe anual, el secretario general de la ONU acostumbra a citar por su nombre a las partes en conflicto que reclutan, matan o mutilan niños, que cometen actos de violencia sexual o que atacan escuelas y hospitales. Su propósito es exponerlos con vergüenza ante el resto de la comunidad internacional.

Por otro lado, el Grupo de Trabajo que funciona en ámbitos del Consejo de Seguridad sobre esta problemática, examina periódicamente los informes del mecanismo y formula recomendaciones que buscan mejorar la protección de los niños en situaciones concretas. Trabaja sobre la materia una representante especial que desarrolla de manera constante una tarea de promoción, pero también suele intervenir en negociaciones con las partes en conflicto.

Desde siempre, la guerra fue y es una fuente de peligro para los niños. Son muchos los que resultan muertos o mutilados en las situaciones de conflicto, pero en las últimas décadas, la naturaleza cambiante de los enfrentamientos, las minas terrestres y las municiones sin detonar, representan nuevas y muy concretas amenazas. Históricamente, los principios humanitarios de distinción y proporcionalidad exigían que los combatientes distinguieran entre combatientes y civiles. Sujetarse a esos valores, implicaba la prohibición de los actos cuyos daños a objetos civiles, excedían la ventaja militar que a priori se esperaba.

Como bien sabemos, en la actualidad de la guerra tales principios pierden vigencia entre las fuerzas y grupos armados, a raíz del fenómeno que en lenguaje diplomático se denomina “naturaleza cambiante de los conflictos”. Como consecuencia, los niños pierden la vida con frecuencia o resultan heridos en el curso de operaciones militares, sobre todo al quedar atrapados en el fuego cruzado, los bombardeos aéreos o los cañoneos.

Por otro lado, hay que resaltar que muchas de las víctimas perecen como consecuencia de las minas terrestres o las municiones sin detonar. En ese sentido, el derecho a la vida y la prohibición de matar y mutilar a civiles, son principios que consagran el derecho internacional humanitario, los tratados de derechos humanos y la jurisprudencia. En sintonía, en 2009 el Consejo de Seguridad definió los actos que causan muerte o mutilación de niños como factores que desencadenan la inclusión en la “lista anual de la vergüenza” del secretario general.
Desde ya, en esa nómina del diplomático, no figuran las fuerzas armadas de Estados Unidos ni de la OTAN, ni los grupos que con el sostén de Occidente derrocaron al gobierno libio y tampoco las fuerzas sirias que combaten contra el régimen. En la lista apenas si aparecen organizaciones de la guerrilla colombiana, formaciones de Filipinas o Myanmar, del Congo, la República Centroafricana, Sudán y Sudán del Sur, más Somalia.

Aquí no tenemos elementos para considerar si las inclusiones precedentes son pertinentes o no pero sí nos parece que no sólo los insurgentes de países del Tercer Mundo violan derechos humanos de los niños. Habría que preguntar qué piensan las madres de los niños palestinos, iraquíes, afganos, pakistaníes y demás, cada vez que sus chicos pierden la vida a raíz de una incursión estadounidense u occidental. Es rigurosamente cierto que hace falta poner fin a la impunidad de la que disfrutan quienes asesinan o mutilan niños durante los conflictos armados, pero los criminales no sólo residen en África, Asia o Sudamérica. ¿Por qué no echar una ojeada por el Pentágono?

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