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La felicidad como objetivo de las políticas públicas

El año pasado, la Asamblea General de la ONU decidió que de ahora en más, el 20 de marzo sea el Día Internacional de la Felicidad. Suena un tanto ingenuo pero los fundamentos de la iniciativa se relacionan con una prédica constante de la que nos hacemos eco en esta columna: el crecimiento económico en tanto variable de la macroeconomía, ya no se relaciona con el bienestar de la gente.

La decisión que instauró el nuevo efemérides se adoptó en julio de 2012 y en la oportunidad, el órgano deliberativo de la ONU recordó que ya un año antes, se había invitado a las partes “a que emprendieran la elaboración de nuevas medidas que reflejaran mejor la importancia de la búsqueda de la felicidad y el bienestar en el desarrollo con miras a orientar sus políticas públicas”.

En consecuencia, no se trata de una mera declaración simbólica, la intención es que la definición se traduzca en políticas concretas y de hecho, la precisión contiene implícitamente una crítica al paradigma económico y político en vigencia. Entonces, la ONU subraya que “la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental” pero desde ya, no es un asunto de la esfera meramente individual, como parecen suponer tantas cultores de las así llamadas terapias alternativas.

La Asamblea General reconoció “la pertinencia de la felicidad y del bienestar como objetivos y aspiraciones universales en la vida de los seres humanos de todo el mundo y la importancia de que se reconozcan en los objetivos de las políticas públicas”. Se trata a todas luces de una innovación hasta de ribetes filosóficos. La definición implica “la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos”.

La intención es que hoy, la declaración se haga notar sobre todo el ámbito educativo y en la generación de conciencia, tanto en ámbitos oficiales como en el tercer sector. Su espíritu terminó de redondearse durante la reunión de Alto Nivel sobre “La felicidad y el bienestar: cómo definir un nuevo paradigma económico”, que se celebró durante la 66ta. sesión de la Asamblea General.

Durante su desarrollo, el secretario general del organismo subrayó que el mundo necesitaba “un nuevo paradigma económico” que reconociera “la paridad de los tres pilares del desarrollo sostenible”, es decir, el social, el económico y el medioambiental, porque “juntos definen nuestra felicidad global”. Definición que deberían tener en cuenta en los ámbitos gubernamentales donde sólo contabilizan las dos primeras facetas.

Cumbre tan particular se llevaron a cabo por iniciativa de Bután, un país que reconoce la supremacía de la felicidad nacional por encima de los ingresos desde principios de los 70. Cuando en términos generales, nadie hablaba de “buen vivir” ni de ecología, el gobierno del país asiático adoptó el Índice de Felicidad Nacional Bruta para sustituir al más tradicional de Producto Bruto Interno (PBI).

Según expresó para la jornada de hoy Ban Ki-moon, “la búsqueda de la felicidad constituye el elemento esencial del quehacer humano. En todo el mundo, las personas aspiran a vivir una vida feliz y plena, libre de temores y necesidades y en armonía con la naturaleza. Sin embargo, el bienestar material básico sigue siendo difícil de alcanzar para demasiadas personas que viven en la pobreza extrema. Muchas más están expuestas a la amenaza constante que suponen las crisis socioeconómicas recurrentes, la violencia y la delincuencia, la degradación del medio ambiente y los peligros cada vez mayores que plantea el cambio climático”.

El diplomático trajo a colación que “en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) celebrada el año pasado, los Estados Miembros de las Naciones Unidas convinieron en la necesidad de adoptar un enfoque equilibrado del desarrollo sostenible mediante la integración de sus tres pilares: el crecimiento económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente. Reconocieron que para sustentar mejor las decisiones de políticas era necesario adoptar métodos más amplios de medir los avances que complementaran el producto interno bruto”.

Ban Ki-moon se confesó “alentado por los esfuerzos que despliegan algunos gobiernos para formular políticas basadas en indicadores amplios del bienestar, y animo a otros gobiernos a que sigan su ejemplo”. En consecuencia, en este primer Día Internacional de la Felicidad, fortalezcamos nuestro compromiso con el desarrollo humano inclusivo y sostenible y reafirmemos nuestra promesa de ayudar a los demás. Obrar por el bien común también nos enriquece. La compasión fomenta la felicidad y nos ayudará a construir el futuro que queremos”, apuntó.

El impulsor de la particular iniciativa es el primer ministro de Bután, Jigme Thinley. Con un espíritu que en Occidente llamará la atención, apuntó al momento de fundamentar la idea que “no se puede ser realmente feliz a menos que las personas que te rodean sean felices”. Thinley señaló que “la felicidad en Bután es prácticamente un mandato constitucional, que se basa en los pilares de un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la preservación y promoción de la cultura, la conservación del medio ambiente, y el buen gobierno”. Como puede advertirse, postulados que en su conjunto, no se observan en nuestros países, por más que crezca exponencialmente el PBI. Según el mandatario butanés, la felicidad “es una meta a perseguir muy positiva para Bután, porque gracias a ella el país podrá conseguir la paz, estabilidad y la cooperación global”. Definiciones a tener en cuenta.

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