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Biodiversidad y seguridad hídrica van de la mano

En la edición 2013 del Día Internacional de la Diversidad Biológica, la Organización de Naciones Unidas (ONU) pone de relieve el lema “Agua y diversidad”. Su ánimo fue coincidir con la decisión de designar al que está en curso como el Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua. La temática busca resaltar la importancia que tienen la biodiversidad y los ecosistemas a la hora de garantizar la seguridad del recurso vital y en consecuencia, el desarrollo sostenible.

Recapitulemos... A partir de la iniciativa de la ONU, el 22 de mayo es el Día Internacional de la Diversidad Biológica. Con su establecimiento, la entidad internacional se propuso aumentar la comprensión y la conciencia sobre los temas que se relacionan con esa problemática. El efemérides trae a colación la fecha en la que se adoptó el Convenio sobre Diversidad Biológica, que justamente se formalizó ese día de 1992.

En la cultura occidental, la acuñación del término Biodiversidad es relativamente reciente, ya que se explicitó hacia 1985 como una contracción de la expresión “diversidad biológica”. El concepto hace referencia a la variedad del mundo biológico y en forma simultánea, a la vida sobre la Tierra. Hay que tener presente que son abrumadores los peligros que se ciernen sobre la diversidad biológica, porque el mundo en su conjunto atraviesa un período en el cual se registra la más rápida extinción masiva de seres vivientes de la historia, a tal punto que ya se perdió un tercio de la riqueza natural.

El Convenio sobre Diversidad Biológica se abrió para su firma en Río de Janeiro, durante la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo, que pasó a la historia como La Cumbre de la Tierra. Entró en vigor el 29 de diciembre de 1993 y la Argentina firmó en 1994. Por entonces, se designó a la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable como autoridad de aplicación. En la actualidad, son 187 los países partes del acuerdo.

Sus tres objetivos sustantivos son la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa de los beneficios que derivan del uso de los recursos genéticos. Desde su entrada en vigor, se celebran reuniones en el marco de la Conferencia de las Partes, durante las cuales los países se congregan y adoptan decisiones para la implementación del tratado.

Será de Perogrullo pero el agua es vida. Nos garantiza la posibilidad de acceder a la seguridad alimentaria, al agua potable y al mantenimiento de condiciones sanitarias adecuadas. Además, es la fuente de muchas actividades económicas y soporta ecosistemas que aportan a biodiversidad. Lamentablemente, en la actualidad el planeta se caracteriza por caminar hacia la escasez, ya que la demanda supera la capacidad global de reabastecimiento.

Todos podemos advertir que las sequías e inundaciones son cada vez más frecuentes. Entonces, la seguridad del agua es una prioridad en la agenda política y económica. Cabe recordar que el Informe 2010 sobre Riesgos Globales puso al agua en segundo lugar, después de la crisis sistémica de los mercados financieros y por delante de la crisis alimenticia, la volatilidad energética y los precios agrícolas.
Cabe traer a colación que los ecosistemas regulan la disponibilidad del agua y su calidad. Entonces, la degradación de aquellos aumenta la inseguridad del agua y perjudica a la biodiversidad. Los ecosistemas pueden considerarse como infraestructuras naturales de los cuales los humanos obtenemos los mismos o más beneficios que las artificiales, tales como las represas o las plantas de agua. La gestión del elemento se tiene que hacer de forma sostenible, metodología que además permitirá reducir costos y preservar el medioambiente.

Como deberíamos saber los barilochenses, los ecosistemas que más influyen en la preservación del agua son los bosques, los humedales, las praderas y las tierras. Sin ellos, el ciclo del agua, que se relaciona con el funcionamiento del carbono y los nutrientes, se vería significativamente afectado de forma negativa. No obstante, las políticas y decisiones no tienen suficientemente en cuenta las interrelaciones que mencionamos para tomar medidas eficaces.

Algunos datos para terminar de redondear las ideas: el 70 por ciento de los pobres del planeta vive en zonas rurales y depende directamente de la biodiversidad para sobrevivir. La variedad y abundancia de especies se redujo un 40 por ciento entre 1970 y 2000. El consumo insostenible sigue y la demanda de recursos en todo el mundo excede la capacidad biológica de la Tierra en un 20 por ciento.
El secretario general de la ONU sacó conclusiones muy claras. “Vivimos en un mundo en el que la inseguridad hídrica no cesa de aumentar, en el que la demanda a menudo excede la oferta y en el que con frecuencia el agua no llega a los niveles mínimos de calidad. De mantenerse la tendencia actual, la demanda futura de agua no se satisfará”, advirtió Ban Ki moon.

Entonces, “la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas son fundamentales para materializar la visión de un mundo con seguridad hídrica, puesto que los ecosistemas influyen tanto en la disponibilidad como en la calidad del agua a nivel local, regional y mundial”. Añadió el diplomático que “hoy estamos empezando a entender que la biodiversidad y la seguridad hídrica se refuerzan mutuamente”. Cuesta admitir que recién en 2013 comience a madurar esa comprensión.

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