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Del viejo ideario bolivariano hay bastante que aprender

Más allá de la utilización actual del término a partir de la experiencia venezolana, deberemos admitir los argentinos que en términos generales, de Bolívar sabemos poco y nada. Ojalá que en la actualidad haya cambiado la tendencia, pero a los que ya peinamos canas nos transmitieron cierto resquemor hacia su figura, porque siempre nos decían que el Libertador de América era San Martín.

Más grandecitos, cuando accedimos a otras lecturas, vimos que en realidad había otro Libertador y que además, liberó a más países que el correntino. Y para colmo, se quedó al frente del asunto luego de aquella cita “misteriosa” en Guayaquil.

 

Pero fueron oficiales de Bolívar los que comandaron a las tropas americanas en Ayacucho, allá por 1824, la batalla que terminó según dicen, con la dominación española en América. Además, ese supuesto antagonismo entre Simón y José fue acicateado por quienes narraron la primera versión de la historia argentina porque entre otras cosas, Mitre no tenía nada que ver con el ideario del venezolano, más bien todo lo contrario.

Por ejemplo, Bolívar acuñó una teoría a la que denominó del equilibrio mundial, noción a la que configuró como meta esencial en la lucha de los pueblos. Es más, concebía su gesta como medio de establecer ese equilibrio y además, mantenerlo. Mientras prevaleciera el equilibrio en la situación internacional, ésta funcionaría como una barrera de contención que frenaría cualquier designio de dominación regional o planetario.

Rápidamente puede advertirse qué tanta vigencia tiene esta manera de pensar, pues buena parte de las calamidades globales tienen su origen en la abrumadora concentración de poder que descansa en sólo ocho países del mundo. Más aún, en la existencia de una súper potencia hegemónica a la cual Bolívar dedicó varios de sus dardos intelectuales: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria”, profetizó una vez.

Esa oportunidad coincidió cronológicamente con la enunciación de la mismísima Doctrina Monroe. Por eso, los bolivarianos de fuste afirman que la figura del Libertador es antipática para la Casa Blanca, ya que su ideario no encaja en sus planes de control mundial. No está de más recordar que detrás del “América para los americanos” que consagró Monroe, se escondían los fundamentos de la doctrina imperialista estadounidense.

Bolívar insertó en la Carta de Jamaica, un documento de 1815, las siguientes aseveraciones: “la Europa misma, por miras de sana política debería haber preparado y ejecutado el proyecto de la independencia americana. No sólo porque el equilibrio mundial así lo exige, sino porque ese es el medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio”.
En aquella oportunidad, el venezolano echaba mano a otra de sus habilidades: la diplomacia. En el pronunciamiento jamaiquino se metía en dos asuntos claves para la época y para el presente también: el equilibrio y el comercio planetarios, ambos temas de interés para la Europa que emergía después del descalabro que había significado Napoleón. Aquellos párrafos estaban básicamente dirigidos contra el imperio español, que por entonces era el enemigo que se batía en derrota, aunque todavía no decidida.

En la consideración de Bolívar, existía una ley que regía el fenómeno del equilibrio en dos ámbitos fundamentales: naturaleza y sociedad. Esa norma indicaría que ningún equilibrio es absoluto. En el desarrollo social el equilibrio tiende a adquirir una permanencia relativa, sobre todo, tratándose de sociedades poco equitativas, como son las que predominan en el mundo. En efecto, el equilibrio político choca con los designios de dominación de las grandes potencias colonialistas.

En la actualidad, el más importante adversario del equilibrio mundial es justamente, Estados Unidos. Su práctica imperialista es el obstáculo más duro a sortear ante cualquier intento de integración de la América Meridional, hoy Latinoamérica. Existen numerosas pruebas que se dieron antes, durante y después de la independencia de la zona del mundo que nos toca vivir.

Sobre Bolívar y su posición anticolonialista, su tesis sobre el equilibrio mundial y su lucha por la integración y soberanía latinoamericana, Estados Unidos tuvo siempre una actitud de oposición y beligerancia. Hay ejemplos concretos mientras todavía no se había apagado el fragor de la lucha contra los realistas. Los historiadores llaman a uno de ellos “el incidente de los fusiles”... En la terminología bolivariana, se denomina Campaña Admirable a una vertiginosa reacción de las fuerzas de la independencia, que luego de una derrota y retirada a Cartagena, se rehicieron con velocidad y en 200 días se hacían presentes frente a la capital de Nueva Granada. Pasó que inmediatamente después de ese triunfo, debieron defenderse los venezolanos de los acciones que por la reconquista iniciaron las tropas españolas que todavía estaban en la zona. Hay que recordar que se esperaban numerosos refuerzos realistas desde España, posibilidad que también provocaba inquietud en nuestro Río de la Plata. Para organizar la resistencia, los líderes patriotas decidieron adquirir seis mil fusiles. Tanto Inglaterra como Estados Unidos se negaron a venderlos. ¿Cómo interpretar esa negativa sino como una actitud hostil ante tan dramáticas circunstancias?

Dicen que en la actualidad, en los documentos donde la Casa Blanca todavía tiene plasmada su doctrina de la “guerra preventiva” hay menciones explícitas hacia el ideario bolivariano y su carácter pernicioso. ¡Cómo no! Si quizá fue Bolívar el primer americano en poner en evidencia el carácter imperialista de aquellas ex colonias que no hacía mucho, se habían sacudido el yugo inglés.

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