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Ampliar el cableado

Te invito a hacer un ejercicio: pensá en algo que no querés con fuerza. Ahora pensá en algo que deseás mucho. ¿Te sentiste bien cuando pensaste en lo que querés? Seguramente sí. La razón es que, cuando uno piensa en lo que desea, se activan emociones positivas. Lo contrario ocurre cuando uno piensa en lo que no desea.

Por Bernardo Stamateas

Por eso, la mayoría de la gente habla en términos de “no quiero”: “No quiero tener deudas, no quiero estar mal con mi pareja, etc.”. Pero lo que necesitamos hacer para alcanzar nuestros objetivos es hablar en positivo: “Quiero prosperar, quiero que nos llevemos bien, etc.”. Si mencionás lo que no querés, te vas a terminar bajoneando pero si hablás en términos de deseo, te vas a animar. Aprendamos a hablar en deseo positivo: “Quiero que hagas silencio y me escuches”. 

¿Sabías que las personas exitosas se enfocan en resultados y no en tareas? Supongamos que yo trabajo como encargado de un edificio y se descompone el portero eléctrico. ¿Cuál es mi tarea? Hacer que el portero funcione. Se organiza una reunión de consorcio y el portero sigue sin funcionar porque no cumplí mi tarea. Entonces explico: “Llamé al electricista y no vino; traté de arreglarlo yo y no pude”. Es decir, que cuento las actividades o las tareas que realicé pero no me dieron resultado. Cuando no logramos algo, solemos excusarnos: “Pero yo llamé, yo lo intenté, hice esto y aquello”.

Yo, encargado del edificio, no logro arreglar el portero porque hice dos cosas que no funcionaron. Si sos vendedor, tenés que vender. Si no vendés y viene tu jefe a preguntar: “¿Vendiste?”, le darás excusas: “No, porque no hay heladera… porque hace calor… porque la gente no tiene plata… porque los clientes viven lejos… porque me enfermé, etc.”. Así nombrás actividades pero no te enfocás en la meta, mientras que los exitosos ponen la mirada en aquello que quieren lograr. 

Siguiendo con el ejemplo del edificio, mi amigo Juan también trabaja en un edificio donde el portero eléctrico se rompió pero él lo arregló. ¿Por qué? Porque esas dos cosas que yo hice y no logré arreglar el portero se deben a mi cableado cerebral. Todos tenemos un circuito cerebral. En este caso, yo tengo en mi circuito sólo dos opciones: llamar al electricista y tratar de arreglarlo yo. Pero Juan, que sí arregló su portero eléctrico, tiene en su cableado siete opciones, por eso le fue mejor. 

El lugar donde nosotros estamos hoy es por el cableado que tenemos. Las deudas son un circuito de cableado. Por ejemplo, alguien huele un perfume y lo asocia con la novia que lo dejó, con sentir que nadie lo quiere… sólo olió un perfume pero se deprimió. ¿Por qué? Por su circuito cerebral. Las peleas en la pareja son un circuito de cableado. Muchas enfermedades psicosomáticas son un circuito cerebral que se nos activa. 

Todos tenemos cien mil millones de neuronas y una neurona se puede conectar hasta con diez mil, es decir que tenemos trillones de conexiones. ¿No te vas de vacaciones desde hace muchos años? Eso es por el cableado. Todo tiene que ver con el cableado: los celos, los miedos, las ganancias, las pérdidas, etc. Por lo tanto, el desafío es expandir el cableado. ¡Tenés que expandirte!

No es fácil expandir el cableado pero es posible. No se trata de ser más inteligente sino de desechar una idea vieja que ya no nos funciona y reemplazarla por otra nueva que amplíe el cableado. El hecho de que Juan haya arreglado el portero eléctrico no significa que sea más inteligente que yo (tal vez lo sea), sino que tiene más cableado. Tampoco se trata de no cometer errores, sino de tener más cableado. 

Necesitamos ensanchar nuestro cableado en cuatro áreas: 

1.Ideas de oro: cuantas más ideas, más posibilidades.
2.Conexiones de oro: cuanta más gente conocemos, más conexiones hay a disposición.
3.Oportunidades: los exitosos sacan algo positivo de cada lugar.
4.Palabras de oro: nuestro hablar puede abrirnos o cerrarnos puertas.
Para lograr todo lo que te propongas en este año que está comenzando, proponete ensanchar tu cableado.

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