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EMOCIONES ENCONTRADAS

Las doce campanadas - Por Edgardo Lanfré

La noche del 31 había llegado, la última del año, la noche vieja que precede a la nueva del año que se inicia. El que se estaba yendo no había sido el mejor y no tenía muchas ganas de sumarse a todo ese revuelo del fin de año. Malos tragos en el trabajo, problemas con las personas, proveedores, deudas y algunas cosas más “de este país que siempre te sorprende”, como suele decir, resignado.

La cena transcurrió entre platos fríos y calientes, postre y, cerca de las doce, estaba la mesa preparada para el brindis. A alguien de la familia, se le ocurrió recrear aquella tradición que, según contaba la abuela, se hacía en su España natal y que consistía en despedir el año con doce campanadas acompañando el paso de los últimos segundos del que se va.

Con cada campanada, fue recorriendo imágenes en su memoria, le pareció increíble que, a veces, el tiempo pase tan lento o que la mente vaya tan rápido.

Con la primera campanada vio a su hija, la que estudia en Buenos Aires y que se vino para las fiestas, un sacrificio muy grande estaban haciendo con su esposa para sostenerle su sueño y asegurarle el vuelo; alquiler y viáticos semanales que eran correspondidos por ese pedacito de cielo, que se esforzaba aprobando parciales y finales.

Otra campanada lo hizo girar la cabeza y ver a su hijo mayor, que abrazaba a su compañera y sostenía al bebe en brazos, ese nieto que le hacía erizar la piel y lo llevaba a lugares desconocidos en su alma. Más allá estaba su esposa, se le anudó la garganta al verla. Desde aquella humilde casita que alquilaban cuando se casaron a esta, que de a poco iban terminando pero que adentro contenía un hogar, habitado por una familia que allí estaba reunida.

Casi al filo de las doce, se vio a sí mismo; se sintió sano, rodeado de los afectos básicos. El bien más preciado, la vida, estaba intacto; el capital del amor familiar estaba dando dividendos y un trabajo le permitía tener una herramienta para seguir luchando. No era poco.
Alguien se acercó y le dijo “Feliz año nuevo”. Él lo miró con sus ojos llenos de lagrimas, levantó su copa y le respondió: “Feliz… y un año nuevo”.

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