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Memoria familiar

 

Existe en los seres humanos una memoria familiar que, algunos dicen, es biológica. Es decir, que se transmite biológicamente a través del ADN. Así uno carga en su cerebro la historia de sus antepasados, aun cuando no los conozca. Por eso, uno hace cosas que no sabe por qué las hace pero, en realidad, tienen una conexión con esa herencia o memoria familiar. Sería una especie de “inconsciente familiar” que pasa de generación en generación.

Comparto algunos ejemplos:

-Un bisabuelo es tomado preso durante la guerra y torturado. Su bisnieto es un médico cirujano plástico que, aunque no conoció a su bisabuelo, está tratando de reparar la memoria familiar.

-Un abuelo muere quemado. Su nieto tiene la vocación de ser bombero. El joven expresa: “Elijo ser bombero porque me gusta” pero, en realidad, está tratando de reparar su historia familiar.

-Un niño tiene problemas y lo llevan a la psicóloga. Ella le pide que dibuje a la familia y dibuja a cuatro integrantes (papá, mamá, él mismo y un hermanito). Siempre dibuja a cuatro integrantes. Entonces la psicóloga les pregunta a los padres: “¿Quién es el hermanito?”. “No tiene hermanos, es hijo único”. “Qué raro porque siempre dibuja a cuatro personas”. Pasa el tiempo y finalmente el matrimonio llorando le cuenta a la profesional: “Tuvimos un bebé que se murió pero nunca le contamos a nuestro hijo que tiene un hermanito”. Ese niño, sin saberlo, dibuja al hermano muerto. Eso es una memoria familiar.

Debido a esta memoria familiar, pueden surgir algunos de los siguientes casos:

• Hijos que se enferman para frenar la violencia de los padres. Cuando los padres se pelean, un hijo se puede enfermar para que los adultos dejen de pelear y lo cuiden. Hay enfermedades que uno porta en su cuerpo para evitar los conflictos entre los padres. Cuando hay una criatura enferma, acostumbro preguntarles a los padres: “¿Cómo se llevan ustedes?”. La mayoría contesta: “Nos llevamos muy mal”. Probablemente esa enfermedad del nene o la nena se generó para frenar la violencia porque, cuando hay alguien enfermo en la familia, los demás se dedican a cuidarlo.

• Personas que se identifican con los muertos. Cuando alguien pierde un familiar en un accidente o por una enfermedad, puede identificarse y cargar parte del muerto en sí mismo. Esto fue descubierto por un médico francés y se denomina “síndrome del yaciente”. La persona que se identifica con una persona fallecida dice, sin saberlo, frases tales como: “Siento que no estoy viviendo mi vida; tengo dos personalidades: una triste y una que ríe; me siento muerto en vida; saboteo el placer”. Suele hablar poco y en un tono bajo, envejece antes de tiempo y camina de manera rígida… ¡como si estuviese muerta! Algunos usan el color negro y prefieren tener poca o nada de luz.

• Personas que se enferman por amor. Tienen lealtad de amor. Por ejemplo: “Mi abuela era diabética y yo también voy a ser diabética” (es la manera inconsciente de pertenecer a la familia). Todos necesitamos pertenecer a un grupo pero algunos, para sentir que pertenecen, se enferman de la misma enfermedad que tuvo alguno de sus antepasados.

• Personas que se enferman por mandatos familiares. Por ejemplo: “En mi casa todos tuvieron accidentes”. Cuando en una familia, todos tienen problemas o se accidentan, muy probablemente sea un mandato familiar. Es como una orden que está en el cerebro y dice: “A vos te debe pasar lo mismo”. En realidad, hay un mandato en la herencia familiar que cada uno está cumpliendo. 

• Personas que se enferman por haber sobrevivido. Alguien se murió en la familia y el que queda vivo se enferma. Esto se conoce como la “culpa del sobreviviente”. También puede ocurrir que haya un hermano enfermo y el que está sano se sienta culpable. “¿Por qué a él y no a mí?”… y esa culpa no le permite ser libre y funcionar exitosamente.

Reconocer nuestra herencia familiar es el primer paso para ordenar nuestra vida y no repetir patrones de antepasados que afectan nuestro presente.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]

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