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“Un 25 de Mayo de 2003, volvimos a encarar nuestra independencia”

Vino desde el Sur del mundo a proponernos un sueño, el de una Argentina unida y más justa. Con apenas el 22% de los votos, una deuda externa agobiante y los mayores índices de desempleo y pobreza de nuestra historia, Néstor Kirchner se puso al frente de la reconstrucción del tejido social. El Estado recobró el protagonismo que las leyes del mercado le habían negado; las decisiones políticas volvieron a tomarse desde la Casa Rosada en beneficio de los 40 millones de argentinos.

Un 25 de Mayo de 2003, volvimos a encarar nuestra independencia. Con distinta trayectoria y diferentes actores, que los de 1810; pero con la misma certeza de nuestros patriotas: había llegado la hora del pueblo. Hace diez años, como sociedad, emprendimos el proyecto político que desarmó al bloque hegemónico neoliberal y especulativo que dominaba a fuerza de sometimiento y hambre. El FMI y los organismos multilaterales de crédito tuvieron que esperar a que creciéramos como país, para poder pagarles. Y así lo hicimos, luego de negociar una quita histórica de la deuda, se canceló la subordinación con los agentes de la usura. De esta manera, recuperamos la independencia política y la soberanía económica que nos habían arrebatado, haciéndonos creer que cediendo delegaciones y competencias propias, nos “insertaríamos en el mundo”.

No es desregulando los mercados, ni promoviendo la apertura a los capitales bursátiles, como la Argentina de esta década decidió posicionarse en el mapa mundial. Aquella tesis de la ortodoxia cipaya, es el reglamento de juego de un partido que ya tienen ganado de antemano los buitres de los países centrales. Nosotros con inteligencia pudimos volver a participar del entramado internacional, priorizando los intereses colectivos de la Nación. De esta manera, se reconfiguraron las prioridades gubernamentales y se volcaron de lleno a estimular la producción local, permitiendo el crecimiento del PBI a tasas extraordinarias para nuestra historia. Logramos reactivar la industria, sustituir importaciones y diversificar las exportaciones, contrariando los postulados del Consenso de Washington. Pero lo que es más importante aún: el desarrollo argentino se tradujo en la distribución de la riqueza Nacional.

El país de unos pocos, se convirtió en el de todos y todas. La creación de más de 5 millones de puestos de trabajo permitió que una clase trabajadora disciplinada por la dictadura terrorista y gobiernos neoliberales, recobrara fuerza y poder de negociación con el retorno de las paritarias. De resistir los embates de la flexibilización, pasaron a convertirse en un actor clave de la economía que va sumando reivindicaciones. Por ello decimos que la generación de empleo genuino motoriza el crecimiento del mercado interno, pilar indiscutido de este nuevo modelo de acumulación.
El Estado se hizo presente en todas las esferas de la vida ciudadana y amparó bajo su manto a aquellos que más lo necesitaba, brindando especial protección a los niños y mayores por medio de la Asignación Universal por Hijo y los reiterados aumentos en las pensiones y jubilaciones.

En esta década ganada, los argentinos volvimos a entonar el himno con orgullo, recuperamos nuestra Patria. Pero sin caer en la desmemoria. El pedido de perdón de Néstor Kirchner, en nombre del Estado Nacional, “por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades” de la última dictadura cívico-militar, posibilitó que mediante el reconocimiento del terror se pudieran reabrir las causas contra los genocidas. Sólo conociendo lo que nos sucedió, podemos entender de dónde venimos, hacia donde vamos y a donde no queremos ni podemos volver.

Este 25 de mayo, festejaremos la independencia. La que nos dieron San Martín, Belgrano, Moreno; y también la que nos dimos nosotros hace apenas una década, la independencia de una generación que a partir del 2003 salió de la esfera privada y se involucró en la escena pública decidida a emprender la transformación de la Argentina. No sólo logramos desprendernos de la opresión externa, como hicieron nuestros libertadores hace dos siglos, sino que también concretamos su sueño de una América Latina unida y soberana. La Patria Grande es un hecho y con ello, la emancipación de nuestros pueblos está asegurada.

Silvina García Larraburu
Diputada Nacional.

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