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Señor Director

¡Una mala RSE... también mata!

Muchas veces usamos eufemismos para referirnos a las cosas de las cuales queremos charlar o debatir, pero en este caso hay que tratar este tema con la crudeza que el mismo supone, ya que no creo que Héctor Méndez (así se llamaba el obrero de 66 años), haya querido subir a 15 metros de altura con su hijo a pintar un importante hotel de Bariloche, para morir luego de una caída, el 24 de mayo de 2017...

Muchos habrán oído hablar de RSE (Responsabilidad Social Empresarial), y muchas empresas seguramente se adhieren a los cursos y consignas que se refieren a estos temas, para así elevar el nivel de calidad y atención de las mismas.

Quienes proponen una conducta empresarial que aplique la RSE (en todo el mundo), hablan, entre otras cosas, de “La rentabilidad de los valores”, y señalan que los cuatro primeros cimientos son: la Dignidad de la Persona Humana (supremo valor), el Bien Común (oportunidades para todos), El Destino Universal de los Bienes (una herencia, derecho y responsabilidad común), y la Subsidiaridad (mecanismo de desarrollo de las personas).

Otro principio dice que, “Los proveedores”, aportan a la empresa productos o servicios que son necesarios para que la misma pueda cumplir con sus objetivos, y que son una parte fundamental para generar riqueza, ya que permiten operar de mejor manera a la misma... Dentro de la RSE está, la vigencia permanente de la suprema dignidad de la persona humana, tantas veces referida como “el activo más importante”.

Me preguntaba si el seguro requerido para tareas en altura, como así también los elementos de seguridad que se requieren para subir a 15 metros, no son cuestiones “elementales” para cumplimentar una RSE, y me preguntaba porque de inmediato salen voces a decir: “el obrero no contaba con el seguro pertinente”, cuando es la empresa quien tiene que exigirlo y controlar que se cumplan las normas de seguridad requeridas (sogas, arnés).

Más allá que los familiares de Héctor Méndez puedan recibir un resarcimiento económico, es el propio Héctor quien desde el más allá quisiera que esto jamás hubiese ocurrido, y todo accidente evitable... no es un accidente.

Ojala todos nuestros empresarios, que cuelgan orgullosos en sus despachos diplomas de Responsabilidad Social Empresarial, dejen la teoría y comiencen a ejercer en la práctica una responsabilidad… que cuando no lo es, se lleva puestas muchas vidas.

Jorge L. Fernández Avello
DNI: 12.862.056

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