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Rechazaron recursos defensivos y confirmaron condena a un homicida

El Superior Tribunal de Justicia ratificó la condena para Jorge Crespo. El Superior Tribunal de Justicia ratificó la condena para Jorge Crespo.

- ULTIMO A UN EX COMBATIENTE DE MALVINAS -

Los jueces del Superior Tribunal de Justicia no dieron lugar a un recurso de queja intentado por la defensa de Jorge “El Mono” Crespo, quien fue condenado a la pena de catorce años de prisión por el homicidio de Ricardo Villanueva, ocurrido en junio de 2016 en el corazón del barrio Anasagasti.



Por Mariano Colombo
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El abogado defensor de Jorge Alejandro Crespo había intentado un recurso de casación que fue rechazado por el mismo tribunal de juicio. Entonces acudió al Superior Tribunal de Justicia de Río Negro con un recurso de queja, al que no dieron lugar, y al revisarse de modo integral la sentencia, la confirmaron.

La pena de catorce años de prisión había sido impuesta por los jueces Marcelo Barrutia, Ricardo Calcagno y Emilio Riat y se ubicó en el medio de lo que habían pedido la fiscalía y la parte querellante.

El hecho investigado ocurrió el 11 de junio de 2016 sobre la calle Anasagasti al 1100, luego de que se generaran discusiones en el interior del “Bar de Rossi”. Según las coincidencias aportadas por testigos, en un momento de la noche Crespo adoptó un comportamiento ciertamente pendenciero mientras tomaba su noveno vaso de whisky y sin mediar palabras golpeó en el rostro a Storti, uno de los acompañantes del fallecido Villanueva.

Tras el tumulto lógico el personal de seguridad del local -que históricamente funcionó como cabaret- logró retirar a Crespo del salón. Instantes después, sin embargo, el acusado regresó blandiendo un cuchillo con el que intentó atacar a todos los que quisieron detenerlo.

En un momento determinado, la víctima y sus acompañantes pudieron abandonar el local nocturno e intentaron alejarse en sus automóviles. Pero la bronca no estaba saldada y Crespo atacó a Villanueva, quien se defendió efectuando disparos de arma de fuego al piso mientras retrocedía y trataba de alejarse de su agresor por calle Ruiz Moreno.

Pero algo pasó con el arma de Villanueva, de la que era legítimo usuario, y esa circunstancia fue aprovechada por Crespo quien se abalanzó y le asestó varias puñaladas. Posteriormente, víctima y victimario regresaron en dirección al bar donde se había iniciado la agresión, abordaron sus automóviles y se retiraron del lugar. En la ocasión, además, Crespo chocó intencionalmente el automóvil de los acompañantes de Villanueva provocándole daños de consideración, mientras éstos intentaban detenerlo, lo insultaban y golpeaban su vehículo.

Cuando la policía llegó al lugar ya no había incidentes frente al bar, pero recorriendo la zona los uniformados encontraron a Villanueva, sentado sobre el asfalto y apoyado en su camioneta, que permanecía con el motor encendido y la puerta abierta, con abundantes rastros de sangre sobre toda la carrocería y el piso. Agonizante y acusando fuertes dolores, la víctima repitió “Fue ‘El Mono’, fue ‘El Mono’”, según relató uno de los policías que llegaron primeros al lugar.

Varios testigos coincidieron durante el juicio al señalar que aquella noche Crespo estaba “sacado”, “fuera de sí”, y que Villanueva, pese a que llevaba un arma de fuego, efectuaba disparos al piso y retrocedía, queriendo evitar un enfrentamiento. Esa cuestión fue valorada tanto por la defensa como por la fiscalía, quienes remarcaron que Villanueva pudo haber actuado de otra manera, incluso disparando a matar, pero prefirió retroceder, quedando indefenso cuando su arma sufrió un desperfecto.

Los jueces evaluaron en el fallo que “Este cuadro probatorio, se condice y se complementa con la propia declaración del acusado Crespo, cuando en síntesis afirma que él tenía un cuchillo en la mano y Villanueva un revólver y que si bien había efectuado disparos, el mismo Crespo se abalanza sobre la víctima Villanueva y le aplica varios puntazos y cuchillazos en su cuerpo. Nótese que no había en el lugar otro agresor de la víctima que no fuera el propio Crespo quien reconoce su acción de acuchillar a la víctima. Por lo tanto y a la luz de la lógica y de la experiencia común Villanueva fallece por las heridas de arma blanca provocadas por el propio acusado. Es decir, existe prácticamente una confesión de los hechos, solo que pretende resguardarse en que la herida mortal referida por la autopsia, le habría sido inferida o producida por otra persona y en otro momento, lo cual contraría los principios de valoración de la prueba que rigen nuestro sistema procesal penal”.

Añadiendo “En otras palabras el descabellado razonamiento de la defensa, tanto del imputado como de su asistente técnico, llevarían a pensar en la fantasiosa y absurda posibilidad de que Núñez o Storti le hubieran infringido la herida mortal, siendo precisamente ellos los compañeros de Villanueva y que además ninguno portaba cuchillo”.

Luego añadieron que “Cabe destacar y tenerse debidamente en cuenta que los disparos efectuados por la víctima Villanueva, previos a los cuchillazos recibidos por parte de Crespo que luego le ocasionan la muerte, lo fueron sólo para defenderse ante la agresiva actitud de Crespo y para que en todo caso desistiera de su comportamiento, con lo cual resulta evidente que no existió en modo alguno ninguna legítima defensa por parte de Crespo, ni exceso en la misma”.

Los jueces del máximo tribunal rionegrino apuntaron que “Es evidente así que los planteos del recurrente no superan la simple disconformidad u opinión subjetiva diferente sobre la valoración de la totalidad de los elementos ponderados por el sentenciante, puesto que reedita su pretensión desincriminatoria sin demostrar arbitrariedad ni absurdidad”, por lo que corresponde “Rechazar el recurso de queja interpuesto por el imputado y su defensor Antonio Simón Melín Skarabot, con costas, y, atento a que fue revisada de modo integral, confirmar en todas sus partes la Sentencia Nº 22/17 de la Cámara Primera en lo Criminal de San Carlos de Bariloche”.

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