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Veinte años de prisión para Alejandro David Ramírez

Los jueces encontraron muchos agravantes y pocos atenuantes para condenar a Ramírez. Los jueces encontraron muchos agravantes y pocos atenuantes para condenar a Ramírez.

- CRIMEN DE NATALIA BÁEZ -

El tribunal de la Cámara Primera del Crimen impuso una condena de veinte años de prisión a Alejandro David Ramírez, único imputado por el horrendo crimen de la mujer, ocurrido en marzo del año pasado. Los jueces evaluaron especialmente la violencia y brutalidad desplegada por el acusado y confirmaron que la víctima intentó defenderse.

 

Por Mariano Colombo
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Con el voto rector del juez Miguel Gaimaro Pozzi y la adhesión de sus pares Marcelo Barrutia y Emilio Riat, el tribunal de la Cámara Primera del Crimen impuso una condena de veinte años de prisión a Alejandro David Ramírez, tras hallarlo autor penalmente responsable del delito de homicidio simple en perjuicio de la joven Natalia Báez. “Llego a esta indubitable conclusión en base a la profusa prueba introducida por lectura y la que se produjera durante el transcurso de la audiencia oral y pública, que decantan inobjetablemente en acreditar la materialidad, autoría y responsabilidad en el hecho bajo tratamiento en cabeza de Alejandro David Ramírez”, dijo el juez Gaimaro Pozzi.

Según se confirmó en la sentencia, Alejandro David Ramírez junto a Ricardo Correa y Ezequiel Parracone habían pasado la noche en un boliche céntrico y caminaban por calle Moreno en dirección a la parada de ómnibus cuando cruzaron a Natalia Báez, quien hablaba por teléfono y lloraba porque no tenía dinero para regresar a su casa. La invitaron a viajar juntos y así lo hicieron, caminando todos juntos hasta la parada ubicada entre calles Palacios y Rolando. Allí abordaron un colectivo de la línea 80 perteneciente a la firma Las Grutas, del que descendieron en la esquina de Vernet y Wiederhold, en donde siguieron todos juntos hasta el barrio 60 Viviendas en el que residía Ramírez junto a su padre.

En el lugar, tomaron varias cervezas hasta que uno a uno fueron quedándose dormidos. El primero en hacerlo fue el padre del imputado, David Nelson Ramírez, miembro de la Brigada de Investigaciones de la Policía de Río Negro, con funciones en la Comisaría 55 de Playa Serena. Luego Correa y finalmente Parracone.

En la vivienda sólo quedaron despiertos Ramírez y Natalia Báez. La fiscalía sostuvo que mantuvieron relaciones sexuales consentidas y luego, mediante un mecanismo perverso, innecesario y brutal, Ramírez le ocasionó la muerte, la cargó en el auto y la trasladó hasta el viejo camino abandonado de acceso al aeropuerto local, en donde arrojó el cuerpo y procuró desechar su teléfono celular.

Mientras todo ello ocurría en la vivienda en la que habían quedado el padre del acusado y sus dos compañeros de salida, habían despertado y comenzaban a buscarlo. Arribó hasta ese domicilio la novia del acusado y todos realizaron varias llamadas telefónicas para saber dónde estaba.

Cuando lograron comunicarse, atendió llorando y diciendo “me mandé una cagada y maté a un chico”.

En las horas posteriores Ramírez fue hasta el domicilio de Rolando Chávez, se cambió de ropa, quemó la que vestía y que estaba toda ensangrentada y lavó meticulosamente el Volkswagen Senda de su padre, en el que había trasladado el cadáver. Más adelante y al saber por su padre que la policía investigaba en su barrio, compró un pasaje con un nombre falso, armó un bolso y se fue a Viedma, procurando su impunidad.

La autopsia determinó que la víctima sufrió multiplicidad de lesiones en la cabeza, entre las que se destacó una fractura nasal, de maxilar superior y maxilar inferior en partes centrales, con pérdida de incisivo inferior. Presentó hematomas recientes en la cara anterior de la pierna izquierda con aspecto de haber sido producidos por puntapiés. Se constató la presencia de semen intravaginal con anterioridad a la muerte y seis heridas cortantes en la zona del rostro y cuero cabelludo y un aplastamiento en su cara con un elemento de considerable fuerza.

El magistrado al elaborar el fallo analizó que los rastros genéticos levantados del cuerpo de la víctima y del interior del automóvil secuestrado, resultan “ser una evidencia de tinte cargoso de la que el imputado no se puede desligar” y “Determina dos circunstancias que a esta altura de los acontecimientos podrían eximir de cualquier análisis: por un lado que Natalia Báez, efectivamente estuvo en el interior del vehículo conducido por Ramírez, el referido Volkswagen Senda. Y segundo, que en las uñas de las dos manos de Natalia, se encontró restos genéticos de Alejandro Ramírez. Indudablemente esto denota que previamente a su muerte, ha habido un claro intento de defensa por parte de la víctima sobre el cuerpo de su agresor, aunque lamentablemente, sin éxito”.

En tanto que consideró “Concluyente y categórico” el análisis de la prueba al analizar “que conforme la evidencia colectada y que se viene describiendo razonadamente, no existe ningún atisbo de dudan en que el hecho fue tal cual fuera conformado en la audiencia de debate, en todas y cada una de las circunstancias de tiempo, modo y lugar detallados por los acusadores, teniendo a Alejandro David Ramírez, como autor material del mismo”.

Analizó también que “no se advierten justificativos ni menguantes de la capacidad psíquica de Alejandro Ramírez, de manera que su responsabilidad en el hecho enrostrado se encuentra incólume y deberá responder por el resultado luctuoso producido”, evaluando al momento de graduar la pena que “existen sobrados parámetros para apartarme del mínimo de la escala”.

A favor del acusado analizó que “no registra antecedentes, sus condiciones personales, su bajo nivel de estudios, su edad y su sus condiciones socio-económicas” y como agravantes “la asimetría corporal entre el imputado y su víctima, la violencia y brutalidad empeñada para desfigurar el rostro de Natalia, lo que denota su ferviente interés en lograr su impunidad. Ello se condice con el traslado del cuerpo y su posterior abandono en un camino de uso abandonado. El desprecio por la vida ajena, totalmente alejado de los cánones de convivencia de la sociedad -como bien dijera la querella en debate-, permiten sobradamente distarme considerablemente del mínimo dispuesto por la escala penal bajo tratamiento”.

Y puntualizó que “a los efectos de graduar una pena correcta para el caso concreto, se debe también tener en consideración cuánto tiempo de encierro necesita el acusado para ser reeducado, resocializado y readaptado, bajo un correcto tratamiento penitenciario, y salir el día de mañana a la sociedad, bajo condiciones aceptables de pacífica convivencia”.

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