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“Cordelia en Guatemala” todavía tenía mucho para dar

Graciela Cros disfruta “Cordelia”. Graciela Cros disfruta “Cordelia”.

- REEDICION 12 AÑOS DESPUES -

Graciela Cros publicó la primera versión de su “novela en verso” en 2001 y antes de convertirse en libro, protagonizó un pequeño boom en Centroamérica. Ahora, el “artefacto poético” vuelve a corporizarse en un volumen gráficamente hermoso.

Se la ve súper contenta, como plena... Desde hace unos días está en las librerías de Bariloche “Cordelia en Guatemala”, libro que la poeta Graciela Cros publicó por primera vez en 2001 y que por diversas razones, consideró necesario relanzar. Su portada resplandece gracias al trabajo gráfico que redondeó la publicación. Todavía falta para su presentación (13 de junio) pero sería inteligente inmiscuirse en la “novela en verso”, según la definición de su autora. Inclusive, para mejor disfrutar del acto que se viene.

La justificación requiere de un poco de historia. “La primera edición de Cordelia fue en 2001 y yo tenía una deuda, porque fue una tirada muy pequeña de 300 ejemplares y creo que la editorial a mí me dio 100.

Entonces, tuve muy pocos libros en la mano y siempre fue un reclamo entre los poetas... Cada vez que viajaba me decían: che, ¿cuándo vas a reeditar ese libro? Finalmente, esa pregunta me la hice a mí misma porque sentí que el libro merecía otra oportunidad”, confió Cros.

Por otro lado, “había cosas sobre la que yo quería volver para ver si eran así como las quería ver escritas, o darles una oportunidad de reescritura. Entonces, hay una reescritura, por eso aclaro a manera de subtítulo: nueva versión revisada y corregida por la autora (risas).

Realmente, volví sobre el libro verso a verso y golpe a golpe, toqué cosas que me parecían que habían quedado así por apresuramiento o inconciencia juvenil (más risas)”, confió la poeta, nacida en 1945.
Doce años atrás, “Cordelia arrancó muy novelescamente (ver recuadro), por eso a mí me gusta verla como una novela en verso. También la veo participando de un montón de géneros, porque Anahí Mayol (crítica especializada) habla de ópera bufa y efectivamente, hay una ironía o un efecto circense, bufonesco de corte... También hay un aspecto de folletín sentimental, tanguero... Carlos Gardel es uno de los personajes que aparece pero también aparece Elvis... La primera parte es Hacer la de Elvis... Muchas veces me han preguntado: ¿qué es esto de hacer la de Elvis? Y de alguna manera, es entrar en la madurez porque la protagonista, Cordelia, dice: ya no puedo hacer la de Elvis... Y se le pianta un lagrimón”. A quién no.

Cuatro estaciones

En la trama, “son cuatro estaciones en las que Cordelia va parando. Una primera que es Elvis y la asociación con la adolescencia. Yo bailé con Elvis a los 12, 13 o 14 años y desde luego, era mi ídolo. La segunda estación es la Cordelia que entra en la literatura, porque ahí aparece la gran novela Moby Dick, aparecen el Pequod, el capitán Ahab y también Ezra Pound, quien en algún momento dice: la poesía no respeta los escenarios geográficos ni históricos, la poesía puede saltar por encima del tiempo y las geografías... Y eso es lo que pasa en Cordelia: hay saltos en el tiempo, saltos en la geografía y entonces aparece el rey Lear, el rey de Shakespeare. Que es el padre de Cordelia... Cordelia es una de las tres hijas del rey Lear, la que más desinteresadamente ama al padre y es repudiada por él por distintas cuestiones... Como dijo Harold Bloom: no sabríamos sobre la naturaleza humana si Shakespeare no hubiera escrito. Y creo que es muy así”, subrayó la vecina de Melipal.

Gracias a estos atributos que Pound atribuyó a la poesía, “hay otra parte en la que Cordela aterriza en Guatemala y con ese aterrizar, ese deslumbramiento por la cultura maya y sus 21 lenguas cantarinas, Cordelia abre el abanico acerca de su vida sentimental y ahí aparecen tres artistas que se llaman Juan, pero son de lengua inglesa. Juan Keats, el poeta romántico por excelencia, John Donne, aquel maravilloso monje libertino que escribe los más fantásticos poemas de amor en 1500 o 1600 y una de las tantas locuras que pone Cordelia sobre la mesa: John Cassavetes, el director independiente que de alguna manera, dentro la fábrica de sueños que es Hollywood, hace arte independiente de esa maquinaria”.

Resulta que “Cordelia está enamorada de Juan Casavettes, al que llama El Cara de Caballo... No voy a dar más detalles porque sería revelar demasiado el misterio de la novela en verso. Pero al final, hay una última parte que se llama Abandonar la legión y a esto también lo voy a dejar en el misterio. En un momento, Cordelia decide soltar: soltar la amarra del cayuco, el barquito con el que andaba, soltar la legión... Ahí entra el deber ser, el deber ser con respecto a la poesía y ahí hace una enumeración de las poetas que han formado parte de su tradición”, admite Cros.

En definitiva, en “Cordelia...” entonces “hay tango, rock´n roll, Shakespeare, Guatemala... Creo que es una obra colorida como la tapa, obra hermosa que hizo la artista plástica Gabriela Herrera y al mismo tiempo, quiero señalar el trabajo de armado total del libro que hizo Hernán Pirato Mazza”. Un libro que deslumbra, pero no sólo por su aspecto exterior.

Origen novelesco

Más de una década atrás, “Cordelia en Guatemala” le valió a Graciela Cros considerable repercusión en Centroamérica. “Yo fui amiga de un gran poeta nicaragüense, Carlos Martínez Rivas, que ya falleció y en su momento, obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Nicaragua. Cuando yo publiqué mi primer libro él estaba viviendo en España y estaba en contacto con los grandes nombres de la poesía de los años 60. También por inconciencia juvenil mandé mi primer libro a una gran cantidad de poetas y al tiempo, me escribió Martínez Rivas e iniciamos una amistad epistolar”.

El hombre “era en Nicaragua la encarnación del poeta romántico, del outsider, del que no tiene un espacio en la sociedad. Muchos años después, cuando llegó Internet lo primero que hice fue buscarlo y prácticamente no había información sobre él, pero encontré revistas de poesía de Nicaragua, le escribí a una y a otra y finalmente di con una persona, un poeta que se llama Raúl Quintanilla. Él me dijo que Martínez Rivas estaba agonizando y entonces fue una conmoción muy novelesca, porque además estaba solo y en la pobreza”, recordó la barilochense.

Entonces, pidió “que le hiciera llegar mi saludo, para ver si se acordaba de mí. Cuando me volvió a escribir me dijo que el recuerdo, al darle mis saludos, le abrió una sonrisa. Tal vez la última, según Quintanilla. Diez días después, Martínez Rivas falleció y Quintanilla me dijo: bueno, ahora que nos hemos conocido, me gustaría que me mandes algún material suyo. Cordelia en Guatemala todavía estaba inédito, se lo mando, él lo publica en su revista e inmediatamente se produjo una explosión en la zona centroamericana (risas). Pero, ¿quién es esta mujer?, se preguntaban. De ahí salió una invitación para ir al Festival Internacional de Poesía de El Salvador”. Origen novelesco el de “Cordelia”.

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