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Interpelación al presente

Juan Manuel Alari es Belgrano. Juan Manuel Alari es Belgrano.

- “MAS QUE UNA BANDERA” EN LA LLAVE - 

Con múltiples recursos escénicos, el grupo Maisanta ejerce revisionismo histórico, ahora que pasó de moda... Una puesta imaginativa para despertar emociones que nunca debieron quedarse dormidas.


Por Adrián Moyano
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Hay que reprimir el sollozo cuando el contemporáneo -aquel que concurrió al Registro Civil para cambiarse el nombre que le valió interminables cargadas durante la escuela y la infancia- le informa a la empleada cuál será su nueva identidad. Detrás quedó el frío e inmisericorde funcionamiento de la burocracia, incapaz por naturaleza de reparar en emociones. Detrás, el transitar sus pasillos codo a codo con el verdadero, el histórico, aquel que sin proponérselo, le había dado su nombre a calles, avenidas, escuelas e inclusive, “a un equipo de fútbol”.

Durante el fin de semana se concretaron dos nuevas funciones de “Más que una bandera”, la obra que encuentra sobre el escenario a Maxi Altieri como Manuel Belgrano y a Juan Manuel Alari como Manuel Belgrano… No, no hay error. El personaje del primero es de la actualidad: sus preocupaciones son la “vida decente”, la “escuela de las nenas”, el Smart TV, la comodidad. Su problema es que lleva el nombre del prócer e interpreta esa imposición como la falta de una identidad propia que además, se convirtió en el hazmerreír de sus compañeros y amigos durante buena parte de su existencia.

El desgarro que experimenta el personaje del segundo es un tanto más doliente: el vencedor de Tucumán y Salta, el finalmente frustrado jefe del Ejército del Norte, no quiere llamarse como se llama porque a grandes rasgos, la Revolución en la que dejó cuerpo y alma perdió su rumbo. “Pensaba que estábamos todos de acuerdo”, dirá más de una vez con desazón inconmensurable. Siente que al enunciar el nombre de Manuel Belgrano, hay más vergüenza que gloria.

Sobre el escenario de La Llave, los dos actores invocan universos distantes. La escenografía se reduce a unos baúles que servirán para graficar los interminables laberintos burocráticos pero también para que los dos actores asuman otras personalidades, ya que también interpretarán brevemente otros papeles. Además para que la trama juegue con las dudas, con la relación presente - pasado o para que simplemente, los Belgrano encuentren momentáneo refugio.

Incredulidad y conflicto

El Belgrano de Alari y el de Altieri se encuentran en una dependencia del Registro Civil con el mismo cometido: cambiarse el nombre. Colmo de la ironía, el recinto queda a pasos de la Avenida Belgrano, una de las centenares que habrá en las geografías urbana de la República Argentina. El primer encuentro entre los dos transita entre la incredulidad y el conflicto, el acceso a los turnos es objeto de competencia entre ellos pero la insensibilidad burocrática hace que los hombres tengan que pasar mucho tiempo juntos y que de a poco, se vayan amigando y contando sus razones.
Pero la acción no se agota en un diálogo sin interrupciones. “Más que una bandera” echa mano a múltiples recursos, entre ellos, un desopilante batalla corporal entre los Belgrano, que a veces se afanan por llegar al mostrador que dirimirá los trámites, a veces parecen alejarse del cometido que hasta allí los condujo… Hasta dos canciones elaboró el equipo que contó con Virginia Fdel en la dirección y puesta en escena, más Melina Vacchiano en la autoría de la dramaturgia. Las dos estuvieron presentes en la función del viernes, cuando allí estuvo El Cordillerano.

Tanto Alari como Altieri cantan en escena y bien, aunque la atención se dirija sobre todo al contenido de las letras. En primera instancia, el Belgrano contemporáneo recrimina al que murió en 1820 su idealismo, su desprendimiento, su falta de cálculo, su ausencia de sentido común… La trama comparte cómo el joven Belgrano de los siglos XVIII y XIX marchó hacia España para formarse académicamente en los mejores ámbitos universitarios pero a su retorno –vaya sorpresa- no pondrá su considerable erudición al servicio de la corona y de los comerciantes que se beneficiaban del monopolio con los puertos españoles. Más bien, cuando dos de ellos departen sobre el regreso de joven Manuel, observan tanto con alarma como desdén el ideario que el inminente revolucionario trae consigo, después de leer a Juan Jacobo Rousseau o Adam Smith, entre otros.

Con su notable actuación, Alari logra transmitir el desgarro que debió experimentar el conductor del Éxodo Jujeño, al observar cómo buena parte de sus compañeros en la Primera Junta primero y en los sucesivos gobiernos después, entendían de manera bastante limitada los conceptos de igualdad y libertad. El texto se detiene especialmente en Rivadavia –personificado por Altieri máscara mediante-, quien como se recordará, no tuvo mayores problemas en ordenar una retirada hasta Córdoba de aquellas tropas mal alimentadas y peor equipadas. Fue la desobediencia de Manuel la que permitió llevar la guerra nuevamente hacia el Alto Perú, después de los triunfos de Tucumán y Salta.

Con el transcurrir de las horas en los vericuetos del trámite y la convivencia forzada ante la indiferencia de los empleados públicos, el Belgrano del presente comienza a modificar las primeras impresiones sobre su compañero de desventuras. Inclusive, trata de que abandone su propósito porque a fin de cuentas, es el creador de la bandera y le prodigan homenajes desde el mármol y otros símbolos.

Aquel que era abogado pero que no trepidó en capacitarse como militar para llevar la Revolución al Paraguay primero y a las provincias del Norte después, recriminará una y otra vez a quienes se apartaron de las huellas iniciales. “Pensé que estábamos todos de acuerdo”, insiste. Él pensaba en democracia y república, en libertad e independencia, en igualdad y fraternidad y detrás de esos objetivos se jugó incluso, el pellejo. Bastante “más que una bandera”.

Finalmente y ante su desesperación, la burócrata informa al de hoy que el juez hizo lugar a su pedido y que podrá cambiarse de nombre. Entonces, le pregunta cuál será el nuevo. Incrédulo primero y vacilante después, el personaje de Altieri da vueltas, mira, busca, vuelve a buscar... Y le dicta a la empleada: “Manuel… Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús. Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Sí, señorita. Ese va a ser ni nombre. Y por favor, agréguele Don. Don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano”. Hubo que reprimir el sollozo.

Ficha técnica

Dirección y puesta en escena: Virginia Fdel.
Autora: Melina Vacchiano.
Actores: Juan Alari como Manuel Belgrano y miembro del Triunvirato 1. Maximiliano Altieri como Manuel Belgrano, miembro del Triunvirato 2, empleado de oficina y Rivadavia.
Máscaras y objetos escenográficos: Kike Mayer.
Audios y dirección musical: Andy Sakkal.
Diseño de luces: Pablo Beato.
Construcción de escenografía: Demian Iglesias.
Confección de vestuarios: Marianella Cáceres.
Producción: Maisanta.

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