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Gabino Tapia: “Dedicarme al arte, me costó mi familia”

Un gran artista barilochense, siempre dispuesto a regalar su arte a los amigos. Un gran artista barilochense, siempre dispuesto a regalar su arte a los amigos.

 

Un tipo de convicciones fuertes y corazón blando, una mezcla que lo hace único e irremplazable, estuvimos compartiendo un café, dibujando durante una charla que quisimos compartir con nuestros lectores.

El Cordillerano: ¿De dónde sos Gabino?

Gabino Tapia: Nací en Baradero pero mis viejos deben haber peleado con la partera o con el médico porque esa misma tarde nos mudamos a Buenos Aires.gabino1

De chico era fanático de las obras de Salvador Dalí, le atraía la “locura” al momento de crear, la fantasía y el vuelo que tenía. En su familia había artistas, por ejemplo, su tío Juan Bautista era pintor de la Academia Nacional de Bellas Artes y profesor.

G. T.: Me acuerdo de ir a su casa en el barrio de Belgrano, era mágico entrar a su atelier, no se lo podía molestar pero me dejaba entrar y verlo pintar. Yo miraba y cada tanto preguntaba, eso me hacía sentir muy bien, trataba de recordar todo lo que me había dicho mientras regresaba a mi casa.

E.C.: ¿De chico, hacia dónde querías orientar tus dibujos?

G.T.: Solo quería dibujar, conocía la perspectiva y el manejo de la gente en los medios, los políticos, el gobierno y automáticamente, desde muy chico rechazaba todo eso. Con amigos nos dedicábamos al arte como travesura.

Recuerda que en tercer grado fue descubriendo que lo único que le gustaba hacer era dibujar y pintar, entonces utilizaba incluso las horas de clase para llevarlo a cabo, aunque estaba muy mal visto. Siente que fue en esa época donde se comenzó a revelar al sistema, a las estructuras, a todo lo que lo censurara o se le impusiera.

E.C.: ¿Qué te gustaba dibujar a esa edad?

G.T.: Algo que había aprendido de Dalí, hacer que cualquier persona realice garabatos en una hoja y después buscar formas o figuras en todo eso. Creo que es el primer paso para investigar qué te gusta, pueden salir cosas increíbles, es el activador de neuronas.

Dentro de esas grandes convicciones con las que ha vivido estos 72 años, está la de no lucrar con el arte, a no ser que alguien se acercara interesado por alguna de sus obras y pusiera precio a lo que se quería llevar. Extremadamente generoso ha pasado toda su vida regalando dibujos.

E.C.: ¿Tu familia aprobaba lo que hacías?

G.T.: Dedicarme al arte, te diría que me costó mi familia, no poder contar más con ellos. Yo nací con las últimas enseñanzas de Mussolini, Hitler y la guerra en el 44. Estructura a más no poder, mi mamá con sangre suiza- alemana, mi abuelo napolitano. Tenía dos hermanas, yo era el del medio.

En el seno familiar lo habían “entrenado” para algo que se imponía en el colegio y era la frase “eso no se hace”. Gabino eligió hacer lo que sentía, en cuanto al arte, a la sociedad y al querer… y eso lo ha mantenido durante toda su vida. Las matemáticas, lengua o historia lo distraían del dibujo, por eso le molestaban las maestras y la escuela. Dibujaba cuándo él sentía necesidad de hacerlo, no cuando lo dejaban.

E.C.: ¿Y tus hermanas aceptaban esas pautas de comportamiento que les imponían?

G.T.: Sí, la mayor era igual a mi mamá, sabía que debía empezar a elegir marido lindo, con plata y auto desde los ocho años. Me crié escuchando como las aleccionaban a las mujeres, era patético. En esos tiempos para que una mujer hablara con un hombre tenía que ser muy “p…”.

Cuenta que él no tenía posibilidades ni acceso a las mujeres de su edad. No lo dejaban jugar en la vereda, pero era la única manera de verlas pasar. Sino inventaban una juntada de frutas en algún terreno del barrio y ahí sí se podía acerca a la chica que le gustara. Así tuvo su primera novia.

E.C.: Hablanos de ella…

G.T.: Hace unos días encontré una foto de sexto grado donde está, se llamaba Celia Nielsen y vivía en mi barrio, Olivos. Eramos compañeros de colegio, pasábamos todo el día ahí, era la forma que tenían nuestros viejos de tenernos vigilados y de aparentar cultura a nivel social, una institución de las más caras que había. Fuimos muy compinches, muy amigos, considerábamos que éramos pareja natural, sin ponerle nombre de noviazgo a la relación, pero cuando no nos veíamos nos extrañábamos horrores. Teníamos que estar siempre juntos, en la secundaria no la vi nunca más.

E.C.: ¿Cómo siguió tu vida en la secundaria?

G.T.: MI vieja cometió el “fachismo” de meterme en un internado, no teníamos buena relación, yo hacía exactamente todo lo que ella no quería que haga, la mitad de las cosas porque me gustaban y la otra mitad porque disfrutaba hacerla enojar. Fue por eso que decidió internarme como pupilo en el colegio San José de Tandil.

Gabino considera que eso fue el mejor regalo que pudieron hacerle sus padres sin querer, el único del que está eternamente agradecido, porque allí conoció 60 pibes que pensaban y actuaban como él, artistas, locos y rebeldes, con los cuales comenzaron a formar barras de amigos, “entre mujeres y hombres éramos cerca de 150”, aseguró.

Sin la familia cerca, empezaba a ser feliz.

E.C.: Te comenzaste a acercar a los cabarets…

G.T.: Yo consideraba que no había mayor maestra de la vida, hablando y haciendo, que una prostituta. De algunas de ellas te enamorabas mal, fue justamente por los cuadros de Toulouse Lautrec que entré en ese mundo, por sus andanzas por París. Los consejos más lindos, puros y alentadores los aprendí así.

Nuestro artista se había jurado estudiar Bellas Artes, pero cuando le faltaban pocos días para terminar la secundaria, decidió abandonar los estudios porque los compañeros de cuarto año se robaron el dinero que se destinaría a la despedida de fin de año, y también para que sus padres no tengan el orgullo del diploma en sus manos. Fue a la mutual de ex alumnos de Bellas Artes donde le enseñaban sin título, se dio el gusto así de cursar lo que amaba. Eso se lo refregó en la cara a su madre.

E.C.: ¿Cómo conociste a tu primera pareja?

En La Boca comencé a dar clases de dibujo en algunos colegios y coordinaba talleres de dibujo de adultos mayores, ahí la conocí porque ella era psicóloga educacional. Hija de un coronel del Ejército, una familia muy complicada, llegaba al trabajo y lloraba contándome las peleas que había tenido, entonces yo no pude hacer más que consolarla. Dejó su casa y nos fuimos a vivir a una pensión en Flores, el padre hizo que nos echaran de nuestro trabajo y nos mandó a cuatro tipos a que nos golpearan mucho. Después de eso fuimos a tomar un café a aeroparque, nos gustaba el paisaje, la gente y los aviones, vimos una publicidad de vuelos que invitaba a Bariloche con una promoción, buscamos un bolso con ropa y ese mismo día nos mudamos acá.

Ya en Bariloche cada uno consiguió trabajo, a Gabino le costó menos porque tenía familia aquí, él es sobrino nieto de Don Emilio Frey, eso le abrió puertas fácilmente. El único recuerdo que tenía de la ciudad, era en el año 58 cuando vino con su mamá a un aniversario del Club Andino.

E.C.: Pese a la urgencia laboral, seguías regalando tus dibujos…

G.T.: Sí, dibujos, capilla Sixtina pintadas en alguna pared. Es la única forma que entiendo el arte, entregarlo. Lo firmo solo para que otro no diga que lo hizo (comenta entre risas), porque en Bariloche, según parece, a los pícaros los tiran a montones desde los aviones.

Gabino nunca crea como descarga ni búsqueda de equilibrio, siempre dibuja, pase lo que pase, reconoce que es emocional y va paralelo a lo que le suceda en su vida.

E.C.: El año pasado nos preocupaste mucho con tu problema de salud ¿Cómo lo viviste?

G.T.: No sentí nada especial, me dijeron que había tenido un ACV. Me llevaron al hospital, de ahí a un geriátrico en Dina Huapi, no sé cuántos días pasaron, no era muy consciente de nada. Cuando reaccioné me fui a mi casa.

E.C.: Te ha tocado de cerca ¿Qué pensás de la muerte?

G.T.: Siempre me entró por una oreja y me salió por la otra, es algo tan simple como mirar a alguien, siempre es lo mismo aunque los motivos varíen, es natural y armónica. En varias oportunidades me he accidentado en estado grave y siempre lo viví igual. La falta de contacto físico con un ser querido…eso es otra cosa.

Actualmente está viviendo en un departamento que le prestaron en el Bariloche Center hasta el mes de junio. Después probablemente se vaya a los kilómetros, a la casa de una de sus hijas, eso le cambiará la vida por completo, alejado de sus queridos “cafecitos” en el centro.

E.C.: ¿Qué sentís que te falta hacer todavía?

G.T.: Matar a uno o dos comisarios y un par de políticos bien elegidos (comenta en broma).

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