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Inmejorables comentarios recibió obra de Luisa Peluffo

Ivonne Bordelois durante la presentación. Ivonne Bordelois durante la presentación.

- PRESENTÓ “FOTOGRAFÍAS” EN BUENOS AIRES  -

La notable Ivonne Bordelois se deshizo en elogios para ponderar el trabajo más reciente de la barilochense. “Es importante subrayar el gesto valiente que encierra este libro”, señaló, entre otras aseveraciones.

Por parte de Ivonne Bordelois, inmejorables conceptos recibió sobre su libro más reciente la escritora de Bariloche Luisa Peluffo. Las calificaciones surgieron a propósito de la presentación de “Fotografías” en Buenos Aires, acontecimiento que tuvo lugar el jueves último en la sede de Artistas Premiados Argentinos, pleno centro porteño. Además, tomaron pate del hecho literario Manuel Bendersky (ex vecino de esta ciudad) y Ricardo Romero.

Por las dudas, digamos que Bordelois es una destacada intelectual que viene de la poesía, aunque incursionó en el ensayo y además, es lingüista. Egresó de la UBA, pasó por La Sorbona y trabajó en la mítica “Revista Sur”. Supo codearse con la gran Alejandra Pizarnik y tuvo como director de tesis den en el Instituto Tecnológico de Massachusetts al mismísimo Noam Chomsky. En su momento obtuvo la Beca Guggenheim y 11 años atrás, el Diploma al Mérito en los Premios Konex, entre otras distinciones no menos significativas.

Entonces, hay que prestar mucha atención cuando respecto de “Fotografías”, volumen de poemas que Peluffo publicó en los últimos tramos de 2014, Bordelois afirma que “este libro es venturoso porque significa un regreso –un regreso a lo primero, lo primordial, amanecido en infancia: si la poesía es el país de la infancia, su lengua patria es el alfabeto, la primera herramienta que nos fue dada y la primera en la que empezamos a esculpir nuestra personalidad”.

Cuando “El Cordillerano” entrevistó a la escritora barilochense a propósito de su publicación, entre otras aseveraciones, ésta nos comentaba que en primera instancia, sus poemas son escritos a mano en papeles casuales, servilletas u otros medios susceptibles de cobijar anotaciones. Resta un camino no siempre corto hasta que las líneas se mudan al procesador de textos de la computadora. Como novedad, en “Fotografías”, Luisa decidió publicar no sólo los resultados finales de su labor poética, sino también los manuscritos originales, cuyos contenidos no siempre coinciden con el texto último. De ahí que Bordelois hablara de regresos.

Temblores

Según la especialista, “lo grandioso de la invención del alfabeto es que une el dibujo, el trazo visual, a las señales emitidas por la voz. Y una vez que la imagen se apodera de la palabra, una vez que la vista atrapa a la voz y el ojo a la frase, una vez que los trazos en una piel, una hoja o una piedra representan una vocal, una consonante, una oración, la humanidad da un salto cualitativo desde el cual no hay retorno posible. Las letras del alfabeto fenicio, griego y hebreo son iconográficas. El Alfa es un buey, la Beta representa una casa; la letra D, llamada delta, dibujaba precisamente un delta, y la Mu el agua- las ondas de un mar”.

Entonces, encontró que “hay un temblor en la caligrafía poética de Luisa que no se deja capturar totalmente en el paisaje liso de la imprenta, y este temblor es lo que constituye este libro. La escritura cursiva tiene varias ventajas sobre los prolijos renglones del texto acabado: expresa las distintas intensidades del mensaje según la presión que ejerce el escribiente. Como lo dice Guillermo Jaim Etcheverry, las computadoras son un apéndice de nuestro ser, pero hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros. Su irregularidad manifiesta las grietas necesarias de la voz que se confía al papel; además, la unión o desunión de las letras nos habla de una continuidad o discontinuidad emocional en lo que se dice, en la capacidad de analizar, disociar o fusionar de quien escribe con respecto a sí mismo, a lo que dice, a sus destinatarios”.

Añadió Bordelois que “finalmente hay una cuestión central de tiempo: la escritura cursiva implica identidad, expresividad, pero la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una dificultad: y aquí recordamos a Rilke –hay que adherirse a la dificultad, porque lo bello siempre es difícil. La dificultad que representa la obligada lentitud reflexiva de la escritura manual se opone al lema imperante en nuestra época, en que el objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible. Por eso ha podido decirse que hemos abandonado la belleza por la velocidad. Y como lo señala Alberto Mangel, la lectura electrónica obedece a dos características, la velocidad y la superficialidad, que son exactamente contrarias a las de la verdadera lectura, que requiere hondura y lentitud”.

Frente a ese panorama, “hay algo en nosotros que aspira al regreso de un ritmo más amigable a la mente y el alma. Por algo se están implementando los lápices digitales, que permiten escribir y dibujar en la pantalla misma, o bien añadir comentarios al margen de un texto. Es un intento de reparar nuestra nostalgia por lo artesanal, de recuperar el contacto con este cuerpo nuestro sometido al golpeteo abstracto de letras parejas, disfrazado de corrección y de falso equilibrio, lejos de los preciosos mensajes inconscientes bajo nerviosas tachaduras. Si el medio es el mensaje, qué engañoso el mensaje alisado que transmite la ansiedad de nuestros deseos y la incertidumbre de nuestros pensamientos alineándolos y peinándolos con tanta mecánica exactitud. Por eso es importante subrayar el gesto valiente que encierra este libro, adhiriéndose a la dificultad que significa presentar el inicio vacilante de estos renglones que se irán luego transformando y construyendo en poemas”. Quizá hagan falta tamaños comentarios para que terminemos de valorar la obra poética de Luisa Peluffo, vecina de Bariloche. Por aquello de los profetas y sus tierras…

Sorpresa y regalo

Ivonne Bordelois afirma que “en los poemas de Luisa yo siento aletear una hermosa vitalidad, una gran libertad, que va de su mirada hacia las plantas y animales que la rodean hasta sus relaciones familiares y amorosas, su familiaridad y fascinación con palabras mapuches, su falta de pretensiones, su carencia de convencionalismos, su saber mantenerse extranjera y alerta. Como se lo dije en una carta: ‘Impresiona mucho cómo has captado y expresado lo que va y lo que se pierde desde el temblor de una caligrafía emocional al ready de la computadora: ¡bravo! Tus poemas son dibujos en punta seca, implacables, certeros y colmados de espacio, interior y exterior. Una sorpresa y un gran regalo a la tan desangelada poesía argentina de esta época -nos estás diciendo que todavía queda esperanza -y muy alta en verdad”.

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