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Masello publicó libro sobre Enrique Symns

Masello sobre Symns. Masello sobre Symns.

- DOLOR, SOLEDAD, MAGIA, ETERNIDAD - 

Por Adrián Moyano

Después de Serrat, Roos y Sabina, el periodista y escritor se mete en la vida de un iconoclasta, referente ineludible de la contracultura argentina de fines del siglo XX. El ex director dela mítica “Cerdos & Peces” no tiene la mejor opinión sobre los barilochenses, pero es un dato menor. Algunas páginas transcurren en esta ciudad, donde vivió fugazmente.

El autor me pidió que leyera su publicación antes de entrevistarlo y en eso estoy, pero el libro ya está en las librerías y entonces hay que dar la novedad: después de un par de años de tortuosos trabajos, Christian Masello puede celebrar la aparición de otra de sus criaturas periodístico-literarias. Pero en esta ocasión no se entrometió en la vida de consagrados de la música más o menos bien considerados por la generalidad de la gente, sino por un maldito que jamás militará en el “mainstream”: Enrique Symns.

El título se completa con una sentencia que pinta de cuerpo entero al mítico director de la no menos significativa “Cerdos & Peces”: “Dolor, soledad y magia frente a las puertas de la eternidad”. La imagen de portada recrea el estigma: Symns descuidado en su aspecto, un poco de barba desprolija y su mano derecha en alto, con un vaso de Fernet. En un bar claro, dónde sino…

“Primera imagen de Symns”, delimita Masello en la página 19 de su libro. “Fuma con la mano derecha afirmada en el marco de la puerta de un bar sin nombre en la fachada. Es un viejo de pinta de cansado, pero no por el esfuerzo físico reciente, no, lo suyo es un agotamiento substancial que viene de años, atribuible tal vez al dolor del mundo que lo come de a poco”. En ese sentido, hay que admitir que el periodista y escritor no cambió demasiado (ver recuadro).

Dejemos que corra la pluma del autor: “Este tipo es un mito, con, más que existencia, una subsistencia intensa. Es un libro en sí, sin fin ni moraleja”. Y sigue: “para aquel que cayó en estas páginas como quien pasea por un calle desconocida, van estos datos de un ser llamado Enrique Symns. Nació en el Gran Buenos Aires, escribió en publicaciones como Pan Caliente, El Porteño, Eroticón, Fin de Siglo, El Cazador, y La Maga fue colaborador de Clarín, prosecretario de redacción de Satiricón” y otro menesteres periodísticos. Pero “su criatura en tinta más relevante fue, es y será Cerdos & Peces: desde 1983 como suplemento de El Porteño, y ya al año siguiente con entidad propia, hasta su desaparición en 2004,con interrupciones, cierres y aperturas, el espécimen de papel fue un refugio para aquellos ubicados en los márgenes de este sitio inmundo (hablo –dice Masello- de esas personas rechazadas por las costumbres sociales imperantes, incluso en lo que respecta a la mirada cultural, ya que Cerdos & Peces se presentó como una de las mayores apuestas culturales argentinas, de una cultura border, rocker, underground, muy distinta de los muestrarios tradicionales, antónima de la versión oficial de la Historia)”. Y tiene razón.

Masello reparte su tiempo entre Mar del Plata y Bariloche, aunque su biografía dice que vive entre nosotros. Antes del libro sobre Symns –lleva prólogo del Indio Solari- publicó “Miscelánea serratiana”, “Un sueño fuera de ambiente” (sobre Jaime Roos) y “Tras las huellas del capitán Sabina”, que tuvo edición española en 2010. Su obra más reciente llega a la calle gracias al concurso de Letra Svdaca Ediciones y ya se consigue en Bariloche.

Filosa precisión

La primera vez que el autor de esta reseña se topó con “el héroe del whisky” fue un miércoles a la noche en un reducto capitalino que no prosperó. No había mucha gente en el espacio pero de todas maneras, Enrique Symns se situó en su centro y comenzó a recitar. No leía ni hablaba de memoria, espetaba palabras con la misma precisión que aporreaba máquinas de escribir en “Cerdos & Peces”. Ya presentaba el aspecto que describe Christian Masello pero la escena que menciono tuvo lugar a fines los 80.

Para quienes generacionalmente coincidió nuestra primera juventud con el retorno de la democracia y abrevábamos culturalmente en el rock, la revista que tuvo como director a Enrique Symns tuvo una importancia que es difícil de explicar con criterios actuales. Sencillamente, no hay parangón. Si mal no recuerdo, en sus mejores épocas salía cada quince días pero a veces se atrasaba o no salía y esas demoras no hacían más que alimentar el mito sobre el ambiente que debía imperar en su redacción.

Después, el vocablo se generalizó hasta que se hizo corriente y se banalizó, pero por entonces “Cerdos & Peces” era un faro de la contracultura, en un marco que superficialmente se caracterizaba por la “primavera alfonsinista”. Pero también estaban el Parakultural y Los Redondos de Ricota cuando por las radios nos querían vender a Miguel Mateos o Pipo Cipolatti. Buscar la tapa en blanco y negro con letras amarillas en los quioscos era un ritual gustoso que no siempre llegaba a buen término y saberse lector de “la Cerdos” era asumirse parte de una tribu cuyos contornos nunca se definieron bien, aunque se sabía al margen. O más bien, subterránea.

Ya en Bariloche, unos pocos festejábamos cuando llegaba algún número de la revista. No recuerdo cómo nos hicimos de un casete con monólogos de Symns, al que gastamos en las tardes de FM Mascaró con Rubén Darío Lagrás (nadie leyó mejor al aire sus textos). Para algunos, los Redondos ya habían transado porque tocaban en Obras y después, en estadios más grandes. Y por el comportamiento que asumieron cuando la tragedia de Walter Bulacio… Desde acá, desde lejos, se habla de una pelea entre Symns y el Indio por aquel doloroso asunto.

La “Cerdos” volvió a editar de a ratos y en uno de sus retornos siempre fugaces, estuve por dos veces en su redacción, donde además conocí a Vera Land, otro de sus pilares. Los entrevisté para “Después de todo”, hito de la radiofonía de Bariloche y durante un tiempo, enviábamos a Buenos Aires el fanzine que nosotros hacíamos acá. Eran los primeros tiempos de Marcos y el EZLN, de las búsquedas políticas por fuera de los partidos políticos, de los centros de okupas, del hardcore y la “juventud perdida”. Era bueno saber que Symns estaba una vez más ahí. Aunque todos sabíamos que no sería por mucho tiempo.

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