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Lorena Sagaut hizo un desgarrador relato de lo que padeció su hermana

La joven en diálogo con El Cordillerano. La joven en diálogo con El Cordillerano.

- UNA CONDENA QUE NO CIERRA EL TREMENDO DOLOR DE LA FAMILIA DE RUTH -

Desde la noche del jueves 18 de marzo de 2016, nada fue igual para la familia de Ruth Sagaut. Mucho se habló en los medios sobre la causa judicial, conociéndose hace pocos días la sentencia.

Por Susana Alegría
salegria@elcordillerano.com.ar

Claudio Osman, esposo legal de la joven, aunque ya estaban separados de hecho, fue condenado a prisión perpetua por considerarlo responsable de su asesinato.

Pero ese día imborrable en la memoria y el corazón de sus familiares, tuvo un antes y un después, que Lorena, hermana mayor de Ruth, compartió en una charla con El Cordillerano.

El inicio

Ruth y Claudio se habían conocido en el 2005, estuvieron muy poco de novios y ella enseguida quedó embarazada de V. su primera hija. “Le dijo que no contara nada porque quería seguir con su vida y además no estaba seguro que fuera de él, eran compañeros de trabajo en un pub, ella era moza y él barman”.

Lorena y su esposo estaban buscando tener un segundo bebé en ese entonces y cuando se fue a hacer los análisis que dieron positivo, coincidió con que Ruth le dijera que las dos estaban embarazadas.

“Me preocupé porque ellos recién estaban empezando una relación, pero Claudio nos había caído muy bien cuando lo conocimos, era un buen pibe”, detalló la hermana. “Quizás el primer síntoma fue demostrar que era más importante continuar con su vida que asumir que iba a ser papá, fue ahí cuando mi intuición me dijo que algo no estaba bien”. Lorena habló con la mamá de Claudio y le contó.

“Nos pasamos casi todo el embarazo llorando y a los seis meses ellos se arreglaron, finalmente se casaron y se fueron a vivir a la casa de sus padres”, dijo. “En esa casa vio situaciones de violencia que me contó muy asustada, porque era la primera vez que vivía algo así”.

Ruth iba siempre a visitar a su mamá y sus hermanos, pero esas visitas se hicieron más espaciadas, “ahora atando cabos con las declaraciones de Cintya, que dijo haberla visto a Ruth con el ojo morado cuando la nena era bebé, sabemos por qué dejó de visitarnos unos días”, explicó.

Poco tiempo

Lorena contó que de allí en más, su hermana siempre estaba apurada, “cuando Claudio la llamaba ella ya estaba con la mochila lista y la beba abrigada para salir corriendo a su casa porque si demoraba él se enojaba. Yo le decía que las cosas no eran así, pero ella siempre me respondía ‘No te preocupes’, ahora que pasó el juicio y me enteré muchos detalles, me doy cuenta que me pasé ocho años escuchándola decirme esas palabras, pasaron tantas cosas, muy claras, pero no las vi”, definió.

Como Ruth seguía sintiéndose incómoda con sus suegros, se mudaron a una casa en la calle Charcao del barrio El Frutillar, a pocas cuadras de la vivienda de la familia Sagaut.

“Después se fueron a tomar un terreno al Nahuel Hue, nosotros nos opusimos porque en ese momento si uno se ajustaba económicamente, podía llegar a pagar un lote en cuotas. Dejó el pub, comenzó a trabajar en la construcción pero al poco tiempo por faltar mucho lo echaron”.

La familia Sagaut está compuesta por Lorena, Ariel, Ruth y July, la más pequeña, “siempre estábamos pendientes de colaborar con lo que necesitaran porque el dinero no les alcanzaba”, comentó Lorena. Parte de esa ayuda fue darles todos los materiales para que construyan un baño ya que sólo tenían una letrina, “pero no lo hizo, esos días discutían mucho y un día Claudio se enojó y apedreó la casa con mi hermana y su beba adentro, fue cuando ella hizo la primera exposición en la Justicia”, explicó.

Otra mudanza

Luego de ese incidente, Ruth se mudó a un sector de la casa de su mamá que acondicionaron para que esté más cómoda “aguantó seis meses y volvió con él, con la excusa de entregarle la nena siempre se veían, hasta que se arreglaron”. Lorena siempre la aconsejaba para que tomara distancia de esa relación, pero respetaba las decisiones de su hermana menor.

“Una noche me mandó un mensajito para contarme que nuevamente estaba embarazada, hubo un tiempo de aparente tranquilidad, pero nosotros después de cada situación violenta, tomábamos un poco de distancia con él, no lo dejábamos entrar a nuestras casas, para que sintiera que había obrado mal con Ruth”, recordó.

“El terreno lo abandonaron porque Claudio dijo que no quería vivir en ese barrio y se mudaron nuevamente a la casa que les prestó un tío nuestro en El Frutillar. Esa casa la tuvimos que acondicionar porque los inquilinos anteriores la habían destruido.”

“Una tarde llegó llorando a casa con las dos nenas muy angustiadas, cuando le pregunté a la más grande qué había pasado, me dijo que como no quiso comer, el papá le había tirado el plato al piso y la pateó a ella”. Eso causó una separación de dos meses. “Ruth lo justificó y eso me llenó de pánico”, dijo Lorena.

Llegó el varón

Cuando le contó que estaba embarazada, su hermana le preguntó si la felicitaba o no, pero Ruth le dijo que no se preocupara, que todo iba a cambiar. “Si él no te hace feliz, ‘dejalo’ le decía, pero ella trataba de calmarme. Él trabajó en un hotel, en una estación de servicio y después como chofer de taxi”.

Otra vez la violencia

El 20 de mayo Ruth había cumplido años, el domingo 23 por la mañana, llamó a Lorena para que vaya urgente a verla “avisé a mi familia, nos ocupamos de calmar a los nenes y mis papás se los llevaron para que charlemos. Preparé unos mates y le pregunté qué había pasado. Me dijo que Claudio había llegado a las 5 de la mañana del trabajo, ella iba a salir a comprar y se puso la campera del esposo que tenía a mano, cuando estaba en el almacén llegó un mensajito a un celular que ella que no conocía, estaba en uno de los bolsillos, era de una mujer que decía ‘gracias amor por la noche que me hiciste pasar’”, contó Lorena.

Ruth llamó a ese número y habló con la mujer, y al volver a su casa comenzó a leer los demás mensajes, “la reacción de Claudio fue intentar quitarle el celular, como no pudo le clavó los dientes en una mano”, relató la hermana. Nuevamente se separó volviendo a su hogar paterno, donde con su hermana puso un taller de costura para generar dinero.

Reconciliación

Como vivían cerca, Lorena pasaba por esa calle para ir a su trabajo, y de pronto comenzó a ver el taxi estacionado en la vereda. “Le pregunté si habían vuelto y me decía que no, pero yo sabía que me estaba mintiendo”, recordó.

El 25 de junio me llamó Ruth para decirme que estaba en la Guardia, en trabajo de parto. “Yo no entendía nada, nunca nos había dicho que estaba embarazada, ni siquiera nos habíamos dado cuenta, ella tenía algunos kilos de más del bebé anterior y usaba ropa holgada, lo peor era que no nos había contado, eso me enojó mucho. La partera me dijo que mientras estaba pariendo gritaba que no estaba embarazada, lo negó totalmente”, agregó Lorena.

El círculo se repetía, los maltratos, el pedido de perdón, un nuevo hijo y nuevamente la violencia. “En octubre logré convencerla –continuó relatando la hermana de Ruth- para que se ligara las trompas y no tuviera más bebés, yo siempre le hacía la misma broma, le decía que ella se tenía que cuidar mucho porque yo no sé qué haría si me tuviera que ocupar de los cuatro nenes”; esa broma desgraciadamente se convirtió en una triste realidad tiempo después.

“De ahí en adelante siempre la trataba de puta por haberse operado, le decía que ahora podría estar con cualquier hombre, una de esas veces lo encaré y le dije que si era valiente, que me pegara a mí, no a mi hermana, entonces se arrodilló y me dijo que lo perdonara y que por favor lo ayudara a cambiar.”

“Fue por eso que yo pedí que a nivel institucional se cree un dispositivo de ayuda para el agresor, porque hasta ahora se separa o aleja a la víctima, pero en realidad al que hay que atender y de manera obligatoria, es al hombre. A la mujer hay que fortalecerla para que levante su autoestima, pero el hombre tiene que hacer un tratamiento”, sostuvo Lorena.

La decisión fue definitiva

Uno de los trabajos que tuvo Claudio fue el de llevar adultos mayores al Norte del país, “estaba manejando pero igual la llamaba a toda hora a Ruth, y mi hermana le tenía que poner al teléfono a mis sobrinos porque no le creía que estaba en su casa”, relató.

Luego ella consiguió trabajo en un hostel del centro, “cuando él vio que ella generaba dinero se comenzó a poner molesto, Ruth se sentía mejor, hizo dieta, se empezó a arreglar, se la veía muy linda, cosas que había perdido hace mucho tiempo”.

Lorena refirió que “una mañana ella se estaba por ir a trabajar, usó el maquillaje que había comprado con su sueldo, él se molestó mucho al verla así, le tiró las pinturas al piso y le rompió la tarjeta SUBE. Llegó a casa a pedirme mi tarjeta, se la di y solamente le pregunté ‘¿qué vas a hacer de tu vida?’ Y fue la primera vez que la vi decidida, me dijo: ‘me voy a trabajar, después te contesto’”.

Ese mínimo detalle comparado con situaciones anteriores, fue el detonante para que decidiera dejar a Claudio. “Ahí realmente comenzaron los peores maltratos”, dijo.

La familia Osman

“Cada vez que Ruth necesitó ayuda o algo para los nenes, el único que estuvo presente fue Miguel, el papá de Claudio, por eso me sorprendió lo que dijeron en un programa de televisión la hermana y el hermano, nunca le acercaron leña cuando pasaban frío, nunca la acompañaron en nada.”

La declaración de las amigas

“Fue muy importante lo que aportaron las amigas de mi hermana, el año pasado cuando la quiso ahorcar, se sacó una foto y se la mandó a Yamila, esa imagen la recuperamos del celular de Ruth. Estoy segura que si me hubiera enterado de eso en su momento, lo denunciaba, pero ella le decía a sus amigas que yo ya lo sabía, que lo habíamos hablado, pero eso no era verdad”, señaló.

“En enero se puso de novia con Eduardo, yo no quise que me lo presentara, porque no estaba de acuerdo con que empezara una relación tan pronto. Nos conocimos la noche que murió Ruth”, narró la joven.

La reacción del ex

Cuando Osman se enteró que ella estaba saliendo con alguien, se puso mal. “Empezó a mandarle mensajes muy agresivos, el sábado 13 de marzo a la mañana estábamos en la feria. Llegamos temprano y nos tomamos unos mates, estábamos riéndonos y bailando cuando le llegó un mensaje y al leerlo se puso muy mal, cuando me lo mostró, decía: ‘Ya te lo dije en persona, te lo digo por mensaje para que no se te olvide, te voy a hacer cagar si vuelvo a ver a ese cabeza con mis hijos’. Le dije que vayamos a hacer la denuncia, pero no quería”.

Lorena pasó toda la semana tratando de convencerla y ese viernes habían acordado ir a hacer la denuncia, “pero la noche anterior, Claudio la mató”.

La peor noticia

Apenas le avisaron a Lorena del fallecimiento de su hermana, acudió al hospital, “cuando entré y la vi muerta en esa camilla, golpeada, sólo me acerqué a darle un beso en la frente y le dije qué hago ahora con tus cuatro nenes”, relató.

El tener que sentarse con los hijos de Ruth y explicarles lo que sucedió con su mamá, fue una de las cosas más duras que le ha tocado vivir a Lorena. “Por la edad que tienen Viole y Keyra entendieron lo que significa la muerte, que una persona que muere no puede volver, que es algo irreversible, que la vamos a extrañar y que está bien que lloremos”, contó entre lágrimas la joven.

“Les dije que si tienen bronca me lo digan, si quieren estar solas también, si no quieren comer o dormir lo mismo. Yo empecé terapia en la misma semana que murió mi hermana”.

El día a día

Fabián, marido de Lorena fue el de la idea de llevar a los nenes a vivir con ellos, tiene dos hijos, un varón de diez años y la jovencita de 15, los dos debieron adaptarse a convivir con sus cuatro primitos. El matrimonio ha recibido ayuda económica de amigos porque de un día para otro familiahan tenido que aceptar que ahora tienen 6 menores a cargo, a los cuales colman de amor para llenar un vacío tremendo.

Lo más duro lo continúan viviendo y es el momento de enfrentar el dolor que brota del corazón de los niños de manera espontánea. “De pronto alguno me dice que quiere ir a visitar a mamá, entonces los llevamos enseguida al cementerio. Muchas veces se tiran sobre la tumba y se quieren quedar ahí, lloran a los gritos porque no quieren que nos vayamos y eso nos desgarra por completo”, contó Lorena.

“El otro día, habíamos ido a dejarle flores y una de ellas me dijo: sacala a mamá un ratito así le doy un beso… le dije que no puedo, que yo también quisiera abrazarla una vez más”.

La fortaleza que ha demostrado Lorena desde un primer momento, dista mucho de la frialdad, se ha hecho cargo de una mochila que nadie querría en su vida, la acompaña su familia y ahora sólo pretende que sus sobrinos poco a poco vuelvan a sonreír, pasan horas mirando fotos de su mamá, contándoles anécdotas para que les quede el mejor de los recuerdos, y para que en un futuro no muy lejano sean personas que dejen atrás tanto dolor.

Tenencia

Lorena y su marido actualmente tienen la tenencia provisoria de los niños, la idea es que sea de manera permanente, los pequeños quieren permanecer en su nuevo hogar.

“Si la familia de Claudio pide la tenencia de los chicos primero voy a exigir un tratamiento psicológico de ellos, que demuestren que aceptaron que su hijo mató a mi hermana y ahí hablaremos de otra manera. Ellos por ahora no quieren verlos”, finalizó diciendo la hermana de Ruth.

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