Editorial En el convento de Santo Domingo, Santiago de Liniers mantiene una conversación con el fraile Gregorio Torres. El francés acababa de llegar a Buenos Aires, en cuyos edificios públicos ondea el pabellón británico. Le adelanta al religioso que está decidido a empeñarse en la liberación de la ciudad. Nueve días más tarde se dirige a la Banda Oriental para coordinar acciones con el gobernador Ruiz Huidobro. En la capital del virreinato manda Beresford. Exige el tesoro que al momento de producirse el ataque el virrey Sobremonte había llevado a la Villa de Luján. Una partida británica cumple el cometido y trae de regreso los caudales reales. Se trata de más de un millón de pesos fuertes, que son embarcados en una de las fragatas de Popham. Posteriormente, esa suma será repartida entre los jefes, oficiales y soldados que intervinieron en la expedición. Un auténtico saqueo. En coincidencia con la ocupación, Buenos Aires bulle en actividades conspirativas. Martín de Alzaga por ejemplo, trabaja activamente junto con sus compañeros para expulsar a los ingleses. Entre los cabecillas de los grupos se destacan Felipe Sentenach, Gerardo Estevé y Llach, José Fornaguera, Esquiza y Juan de Dios Dozo. Éstos ponen en marcha el “plan de las minas”, con el cual pretendían volar el fuerte y el cuartel de la Ranchería, por entonces acantonamientos británicos. El 16 de julio coinciden en Montevideo Ruiz Huidobro, Liniers y Juan Martín de Pueyrredón. Acuerdan que el último reclute gente en el campo para apoyar el desembarco de las fuerzas que serán enviadas desde la Banda Oriental. Son alrededor de mil los paisanos que se congregan en la chacra de Perdriel, zonas que hoy corresponden a El Palomar, en el conurbano bonaerense. Al tanto de la concentración insurrecta, Beresford envía al coronel Pack, jefe del célebre Regimiento 71, quien marcha al frente de 500 soldados de su unidad y 50 del batallón de Santa Elena. En las primeras horas del 1º de agosto la columna se pone en marcha y sorprende a la paisanada. Más que una derrota es una dispersión: la mayoría de los hombres de Pueyrredón engrosarán días más tarde las huestes que ya trae Liniers de la Banda Oriental. El 4 de agosto se produce el desembarco hispano-criollo en donde hoy está el puerto de Tigre. Son decenas las embarcaciones que se aproximan a la ribera y de ellas descienden los soldados de la fuerza expedicionaria. Pernoctan allí y soportan un aguacero que se extenderá hasta el 8. Dicen que ese temporal tuvo importancia decisiva en la suerte de las armas porque impidió que los ingleses plantearan la batalla a campo abierto. El 10 de agosto dejó de llover. Orientales y bonaerenses, criollos y españoles, llegan a los Corrales de Miserere (Plaza Once), al Oeste de Buenos Aires. Beresford verifica con alarma la creciente hostilidad de la población. La provisión de víveres se interrumpe y los negocios y pulperías cierran. El jefe inglés comprende entonces que no podrá mantenerse por mucho tiempo en la plaza. Piensa entonces en retirarse a través del Riachuelo hasta el puerto de Ensenada, para reembarcarse en la flota. Pero al caer la tarde, el capitán Hilarión de la Quintana presenta una intimación de rendición. Beresford la rechaza y atrinchera sus fuerzas alrededor de la Plaza Mayor. Distribuye hombres y cañones en el fuerte, la Recova y en los edificios y calles que rodean la plaza. En lugar de un ataque frontal, las tropas al mando de Liniers se desplazan hacia el Retiro. En el transcurso del avance comienza la incorporación masiva de la población. Son centenares de hombres e inclusive de niños los que se pliegan a las filas. Reclaman armas para participar de la lucha. Los cañones son empujados a través del barro por cuadrillas de muchachos. Liniers alcanza el objetivo en la madrugada del 11 de agosto. La ciudad ya está en rebelión. Desde las azoteas y balcones se tirotea a las tropas inglesas que intentan abandonar la plaza para salvar a sus camaradas que estaban apostados en Retiro. Allí los hombres de Liniers consiguen aplastar rápidamente la resistencia británica. Se trataba de un pequeño destacamento que defendía un arsenal. Luego uno a uno, los puestos de avanzada de los invasores son aniquilados. Beresford y Popham urden una retirada pero ya es tarde. El 12 de agosto de 1806, por las calles que conducen a la Plaza Mayor avanzan desorganizadas las fuerzas de la reconquista. Liniers está con sus lugartenientes en la iglesia de la Merced: perdió el control de las operaciones. Mezclados con la gente del pueblo, sus soldados pelean a brazo partido con el enemigo sin escuchar ya las voces de los oficiales. Al pie del arco central de la vieja Recova, Beresford resiste con la espada desenvainada y rodeado por un grupo de Highlanders. Cuando a su lado cae su ayudante, ordena la retirada hacia el fuerte. Momentos más tarde izará la bandera de parlamento. Pero la gente no está para formalidades y se lanza contra los fosos y empalizadas con el único ánimo de pasar a cuchillo a los invasores. Hilarión de la Quintana arriba otra vez con órdenes de Liniers e intima la rendición sin condiciones. Apenas si se puede contener a la gente, que a gritos exige que Beresford arroje la espada. El jefe inglés acepta e incluso antes que sus soldados hayan depuesto las armas, arría la enseña usurpadora. A las 3 de la tarde del 12 de agosto de 1806, el Regimiento 71 desfila por última vez en Buenos Aires. Marchan hasta el Cabildo y arrojan sus fusiles al pie de Liniers. Hace 202 años. Columnas Abiertas Por Nestor Busso
Uno de los grupos empresarios que más ha crecido en los últimos años en todo el continente es el español PRISA. Ese grupo ahora quiere aparecer como víctima de persecución por parte del Estado nacional porque no se aceptó un pedido que efectuó para violar la Ley. Pero, vamos por partes: ¿Qué es el grupo PRISA? ¿De donde sale? Lo que comenzó en 1958 con la Editorial Santillana tuvo entre enero y junio de 2008 ingresos de explotación por más de 2.000 millones de euros. PRISA edita el diario madrileño El País, los periódicos españoles Cinco Días (económico) y As (deportivo) junto a otros veinte diarios locales, la Cadena Ser, 40 Principales y, a través de Unión Radio, la mayor red de emisoras de lengua española en Estados Unidos, México, Colombia, Costa Rica, Panamá, Argentina y Chile. PRISA controla más de 1.000 emisoras, entre propias y asociadas. En Argentina compró AM Radio Continental (se dice que por 12 millones de dólares), una de las más potentes de Buenos Aires, transmitiendo para una cadena de innumerables radios de todo el país, muchas de ellas sin licencias. PRISA también tiene un inmenso control sobre el mercado de los libros en América Latina, a través de Alfaguara, Aguilar, Taurus y otras editoriales, además de Santillana que produce casi todos los textos escolares que utilizan los escolares latinoamericanos [1]. Otros medios de importancia que pertenecen al grupo PRISA son: La Razón, el principal diario de Bolivia, El Nuevo Día, el segundo diario de Santa Cruz de la Sierra y Extra. La red nacional de televisión ATB y en un portal de Internet. La red de Radio Caracol de Colombia, además opera a través del Grupo Latino de Radiodifusión, en Bolivia, Panamá, Costa Rica, Estados Unidos y Francia y México. Los planes radiofónicos de PRISA involucran una expansión o en toda América Latina... y en el mundo hispano de EEUU, a través de una nueva empresa llamada Unión Radio. Además controla el 50% de la compañía Mexicana Televisa. Este monstruo de las telecomunicaciones se plantea dominar el mundo radial de habla hispana. Cabe preguntarse entonces quién es realmente el que está detrás de este Grupo. En Argentina, la operación de compra de Continental y FM HIT, 105.5 Mhz., PRISA se realiza con una gambeta: quien compra es la sociedad de la española CARSA (un 30%) con GLR SERVICES INC (70%) con sede en Delaware, Estados Unidos. Así aprovecharon el Tratado de Reciprocidad de Inversiones con EE UU de la época de Carlos Menem por el cual el capital norteamericano tiene el mismo tratamiento que el local. El grupo tiene 16 licencias en el país y es retransmitida ilegalmente por muchas emisoras en todo el territorio nacional. ¿Y ahora que pretende PRISA? El grupo PRISA compró una de las radios más potentes de Argentina, AM 590 y a partir de esa emisora monta una cadena de repetidoras en todo el país. Tiene también FM HIT (Las 40 Principales) en 105.5Mhz en Buenos Aires y otras 16 licencias en las principales ciudades del país. En marzo de este año presentó ante el COMFER un pedido de autorización para retransmitir los contenidos de Radio Continental, AM 590, en FM Nostalgie, en la frecuencia 104.3 Ese pedido lo formuló cuando en realidad ya estaba transmitiendo en cadena y había firmado un acuerdo para pagar 30% de la publicidad por distribuir su programación por esa frecuencia. Cómo si esto fuera poco, la frecuencia 104,3 Mhz había sido asignada a una sociedad constituida por el grupo Cuatro Cabezas (Pergolini) como resultado de un concurso en que también se presentó PRISA. Los ganadores del concurso en su oferta se comprometían a emitir una programación cultural. Sin embargo hacen un convenio delegando la explotación. Cabe agregar que Continental tiene también una licencia en FM, en 105.5 Mhz y no se ha propuesto usarla para los fines que dicen ser tan importantes para el grupo. Lo que hacen es colgarle la programación de Continental a otra FM (104.3) para optimizar la venta de publicidad. Qué hizo el Estado Muy simple. El COMFER tramitó el pedido realizado por FM Nostalgie y Continental. El resultado obviamente es negar el permiso solicitado, por evidente violación de la Ley. La Ley vigente prohíbe la transferencia sin previa autorización y la tenencia de más de dos emisoras en la misma zona, el cambio de programación y la delegación de explotación. Además, el argumento es que el Estado debe asegurar la pluralidad y que no es aceptable que los mismos contenidos sean difundidos por varias emisoras en una misma zona de cobertura. Sobran razones. ¿Persecución o atentado a libertad de prensa? Radio Continental, sus periodistas estrellas y atrás de ellos los defensores de la libre empresa salieron rápidamente a denunciar censura. No faltó el coro imperial de “Periodistas sin fronteras”. Según ellos la respuesta del COMFER al pedido de Continental es una venganza por la postura de esa emisora a favor de los patrones del campo en el reciente conflicto por las retenciones móviles a la exportación de granos. Aparecen como víctimas cuando en realidad se encontraron con un límite a la impunidad con la que acostumbran a actuar. Poner límites a la concentración de la propiedad Evidentemente para garantizar la libertad de expresión y el derecho a la información de todas las personas es indispensable poner límites a la concentración en la propiedad de los medios. Es necesario asegurar la pluralidad y diversidad de voces. Para eso hay que impedir que unos pocos con poder económico controlen la información. La Resolución del COMFER avanza en esa línea y merece ser apoyada. Una nueva Ley También es necesario aclarar que mientras no tengamos un Ley de Radio y Televisión o de Servicios de Comunicación audiovisuales, producto del debate democrático, resulta difícil garantizar los derechos a la comunicación. A nuestro criterio es indispensable debatir y aprobar una nueva norma acorde con un país que requiere fortalecer la democracia con participación, inclusión y distribución equitativa de la riqueza. De esa forma podrá constituirse un organismo con credibilidad y autoridad para democratizar las comunicaciones. |